jueves, 30 de septiembre de 2010

Aleluyas de Zapopan

SI QUIERES UN MARIDO CUMPLIDOR
DALE HIERBAS EN PORRÓN



A mi esposo le había dado la mala maña de sólo trabajar un poco por la mañana y después se echaba a dormir y no trabajaba ni en su taller ni me ayudaba en la casa que necesitaba muchas reparaciones.  Yo le recé a la Virgen de Zapopan y gracias a ella conseguí unas hierbas que me dijeron que eran muy buenas para despertar y se las doy en el café de la mañana y se pone muy activo todo el día y hasta divertido y cumplidor por la noche.

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sábado, 25 de septiembre de 2010

Ico, el campanero



Haría, por lo menos, treinta años que el reloj de la torre alta de la Catedral había dejado de sonar. O, tal vez, más. ¿Yo qué se!, si raras veces la medida del tiempo acierta a cruzar el límite incierto de nuestros propios recuerdos.

Alguien dijo que Ico, el campanero, había metido una tranca entre sus ruedas y se habían saltado algunos dientes.

No llegó nunca a saberse la verdad, pero tampoco es que nadie pusiera demasiado interés en averiguarlo.

Desde hacía mucho tiempo era el viejo campanero el único dueño de la torre de las campanas. Se pasaba el día entero allá arriba con su gorra y aquel guardapolvo de tendero, rechoncho y sonriente, acariciando las campanas: la Froilana, la Gorda, la María y el Esquilón de las horas. Conocía sus mil y cien lenguajes. Les hablaba como a hijas y espantaba a gorrazos a los grajos y vencejos.

Cada tarde, después del toque de las Vísperas asistía asombrado como un niño al vuelo que hacían los grajos en bandada para dormir entre las ramas de los chopos que había al otro lado de la Nava.

Cuando al fin se quedó completamente sordo (por causa, según decían, de la vibración infernal de las campanas que remueve los sesos y te deja atronado, a no ser que te tapes los oídos con una bola de miga de pan remojada en aceite, cosa que el campanero nunca quiso hacer por no perderse aquel retumbar que era para él más sustancial que el latido de las venas), entonces colocaba las puntas de los dedos en la falda misma de las campanas y se le llenaban los ojos de una risa picarona e inocente.

Cuando Ico murió enmudecieron para siempre las campanas.

Del reloj de la torre solo quedó el tablero ennegrecido de la esfera como si fuera un viejo trillo colgado en la pared, como otro topo enigmático y mugriento.

Pero hete aquí que hace ahora cuatro años, por esas cosas del destino, se vinieron a unir los más diversos intereses: a la Escuela Taller Municipal le pareció un buen escaparate tallar y dorar de nuevo la esfera del reloj; a una marca suiza de relojes le ahorró publicidad el ofrecerse a arreglar la maquinaria y el alcalde, cómo no, decidió inventar la tradición, aprovechando todo ello, de recibir al año nuevo comiendo las uvas al ritmo acompasado de las campanas del reloj, recompuesto y montado la última tarde del año.

A las once treinta y cinco, llegaron a la plaza dos furgonetas del Servicio de Parques y Jardines con bolsitas de uvas y garrafas de aguardiente. A las doce menos cuarto, llegó la familia del alcalde y la digna concejala de cultura. A las doce menos cinco, doce mozos con banderas de la tierra. A las doce menos dos, se hizo un silencio majestuoso y espeso como un rito. A las doce cero cuatro, algunos murmullos de impaciencia. A las doce y diecisiete, la enorme decepción de las doscientas personas que habían aguantado a pie firme los primeros rigores de la helada.

Y después, nada. El silencio ensimismado del reloj, Las doscientas bolsitas de uvas aplastadas, la silenciosa y prudente retirada del alcalde y tal vez, según dijeron, la risita picarona e inocente de un hombrecillo rechoncho y sonriente vestido con gorra y guardapolvo de tendero, que alguien quiso ver atisbando detrás de un cuarterón de la ventana de arriba de la casa de Don Paco.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Aleluyas de Zapopan

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SI DOS NOVIOS PELEAN POR TÍ
PIDE QUE QUEDE EL MÁS GUAPÍN



Por culpa de mi belleza los hombres se peleaban y Rodrigo y Martín se pelearon tanto que estuvieron a punto de matarse.  Yo le recé a N.S. de Zapopan porque no quería ser causante de una desgracia y sucedió que Rodrigo se enamoró de otra muchacha gracias a la  Virgen y ahora soy novia de Martín que era el muchacho que más me gustaba.



domingo, 19 de septiembre de 2010

Hasta siempre, Labordeta. Eterno luchador por una tierra de justicia y libertad

Días de invierno en Villahierro

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Origen de la foto aquí

Desde hacía unos días se notaba un extraño entusiasmo en "Villa Hierro", que es el nombre que le dan a la nueva prisión (digamos "Centro Penitenciario" o cualquiera de esos nombres dulcificados con los que se nombran las cosas penosas, hoy en día) de Mansilla de las Mulas.  El rumor parece que surgió en el Módulo 1.  De allí, pasó al módulo escolar; de allí, a la Enfermería y después a los talleres de talla y de cerámica y se hizo un clamor en el Gimnasio, donde cinco rumanos, grandes como armarios, levantaban unas pesas más grandes que un arado.


El entusiasmo se notaba en pequeños gestos apenas perceptibles: la gente estaba más dispuesta a la conversación entre reclusos, una actitud más dispuesta y educada (sin caer, eso sí, en mariconadas), mayor limpieza en el módulo y las celdas y algunas risas que rompían ese silencio sobrecogedor que se mastica, de ordinario, en estos recintos carcelarios.


Según el rumor, se sabía, de buena tinta, que estaban al caer unas nuevas medidas de mayor libertad y de mejoras (tal vez, reducción de las penas).  A alguno le dio por hablar de una especie de amnistía (es lo que pasa cuando a un rumor se le deja rodar) con motivo de la boda del Príncipe de Asturias.


Como todos los rumores, tenía sólo una parte de verdad: los funcionarios, a partir del 1 de Mayo, por razón de un nuevo convenio colectivo, tendrían una jornada de cinco horas, cuatro días a la semana, una semana más de vacaciones por cada cinco años de servicio y el paso a otros servicios más tranquilos después de quince años de servicios carcelarios.


Cuando esto se supo, volvieron los días del silencio sepulcral a Villa Hierro.


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jueves, 16 de septiembre de 2010

Aleluyas de Zapopan


LA BODA SIEMPRE ES BONITA
SI NADIE VE LA BARRIGUITA



Doy gracias a la Virgen de Zapopan porque en mi boda nadie se dio cuenta que ya tenía yo muchos meses de embarazo y porque mi boda fue muy bonita.


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domingo, 12 de septiembre de 2010

La increíble brevedad de un amor eterno

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Él tomó el tren en Oviedo con destino a Madrid.  
Ella se subió en León y ocupó el asiento de enfrente. 
Era joven y rubia. 
Parecía cansada.  
Se acurrucó con la sabiduría de una gata casera, subiéndose el cuello del chaquetón para sentirse arropada.  
Él la miraba dormir imaginando su nombre, sus gustos, los motivos de su viaje. 
Fantaseando que era él quien la esperaba en la estación de destino y que ella, confiada y risueña, se arrojaba en sus brazos.  
Tomarían un café en el bar de la Plaza de Oriente y después, tal vez la llevara hasta casa paseando despacio, besándola cada vez que, mimosa, le acercara la cara.
Por eso, cuando la vio desperezarse despacio y apearse al llegar a Medina del Campo, sintió, de repente, el dolor de quien rompe, de golpe, un largo noviazgo, media vida de amor y promesas que se van para siempre.


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jueves, 9 de septiembre de 2010

Aleluyas de Zapopan

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Debo reconocer que el pasado novenario de prodigios ha cambiado mi vida y, de algún modo, me siento impulsado a cantar los prodigios que ocurren  a diario en Zapopan. A cantar tales aleluyas dedicaré los jueves en una cruzada entusiasta y milagrera

A LOS DIABLOS LES GUSTAN LOS CALCETINES MÁS QUE A LOS FRAILES REZAR MAITINES


Los calcetines de mis hijos se estaban desapareciendo de forma muy sospechosa y alarmante y sólo tenían un calcetín de cada par.  Yo no sabía qué hacer porque les compraba calcetines nuevos y a los pocos días sólo tenían uno de cada uno.  Pero sucedió que una noche oí ruidos abajo de la cama y vi que unos diablitos azules eran los responsables de las desapariciones.  Gracias a N.S. de Zapopan se me ocurrió echar agua bendita abajo de las camas y por fin los niños ya tienen sus pares de calcetines a salvo pues los demonios se fueron asustados.

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lunes, 6 de septiembre de 2010

La Vuelta al cole

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Con permiso de Favelis


"A los seis años tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela"
García Márquez


Lo oí hace ya años en una tertulia intrascendente y, desde el principio, me pareció algo más que una frase ingeniosa. Pocas veces había oído algo que definiera mejor ese largo proceso educativo:

"El primer día que los niños van al colegio, lloran; y eso que no saben que empieza, para ellos, la guerra de los treinta años"

Ciertamente es, y parece, una guerra interminable en la que la soldadesca se recluta entre gentes que recuerdan todavía los pañales y se licencian cuando pesan por igual en el zurrón los paquetes de fracasos y proyectos.

Ciertamente es, y parece, una guerra interminable para aprender algunas cosas de moros y cristianos, de la lengua que hablaban, cuando Cristo, los romanos o aquella frase que dicen que decía por las plazas un barbudo al que, seguramente, nadie escuchaba, por pesado.

Por todo ello, uno llega a sospechar que el interés de todo el mundo por tenernos a todos encerrados treinta años en la escuela debe ser para que aprendamos, lentamente, sin apenas darnos cuenta, durante casi media vida, algo que parece importarle, más que nada, a quien paga y a quien manda.

Y puestos ya a sospechar, en toda regla, uno llega a pensar que lo que se intenta trasmitir no es otra cosa que aquel eterno juego del poder y sumisión en que parece haberse basado desde siempre cualquier sociedad humana, civil o religiosa y que parece importarle, más que nada, a quien paga y a quien manda.

Por eso no se pide tanto al maestro (o al sacerdote, al torero, al cantaor, con quienes comparte, curiosamente, el nombre de maestro) que sea sabio, sino que transmita y enseñe la esencia misteriosa de las cosas que fundamenta el orden, la obediencia y el respeto.

Pero ¿y todo esto no podría aprenderse en casa, entre los nuestros, ante la vista amorosa de los padres?. Pues no (o, al menos, no parece) porque no se trata de enseñar "la ley del padre" sino los secretos de la ley abstracta y dura, independiente del afecto, que a todos obliga y sobrecoge.

No es, por tanto, de extrañar que el niño llore. Lo que me extraña es que no lloren, también, los profesores, obligados a cargar con tanta herencia.

Y si no lloramos, también, los profesores, de vuelta al colegio cada año es porque, alguna vez, también soñamos en cambiar este viejo ritual de la obediencia por otro en que se aprenda, lentamente, durante casi media vida, dándose perfectamente cuenta, el juego gozoso y creador de hacer, unido a otros, un mundo en el que las leyes del poder y sumisión sean un recuerdo tan confuso como la lengua que hablaban, cuando Cristo, los romanos.

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domingo, 5 de septiembre de 2010

The Lost Paradise

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A veces, cuando Adán vuelve del trabajo con sus cien mil penalidades, recuerda vagamente aquellos días del Sol y de la holganza en los que la mayor ocupación (mira por dónde) era hacer el amor con la parienta y poner nombre a los bichos  y a las plantas.

No puede remediarlo.  Le sube una especie de rabia que nubla, incluso, la nostalgía y dice, como le sale del alma:

¡Y todo por una puta manzana!.


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jueves, 2 de septiembre de 2010

Oración final. Pídase en este momento la gracia que se desea alcanzar en esta novena

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Si el diablo se apodera, deja abierta la gatera

Un diablo se había apoderado de mi cama y venía todas las noches a dormir en ella y yo tenía que dormir de manera muy incómoda en la sala porque no encontraba la forma de librarme de él, hasta que una noche mi gato descubrió su cola y creyendo que era una deliciosa viborita se la quiso comer y le dio tales mordidas que el diablo salió gritando y ya no regresó y doy gracias a la Virgen de Zapopán por haber recuperado mi cómoda cama con ese colchón tan suave que me compré en Guadalajara.

(Con esto, como se ve, queridos fieles, acaba la novena de prodigios que, seguramente tanta paz os ha proporcionado en estos meses de pasiones carnales y tentaciones sin cuento. Volvamos, pues, fortalecidos a la cosa profana del chascarrillo y de los cuentos)


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