jueves, 15 de marzo de 2012

Vestido con plumas ajenas

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Corazón de mandril


Juan Pedro Aparicio


Resuelto el problema de los rechazos, se dispuso que cada humano al nacer tuviera al menos un bebé de mandril como despensa viva de órganos.  La población de mandriles creció tanto como la humana. Tenían una mirada sumisa y una actitud alegre que hacía las delicias de los niños.  La hija pequeña del presidente del Tribunal Supremo, sin que sus padres lo advirtieran, iba cada tarde a la cabaña de los mandriles, a jugar con ellos o simplemente a decirles hola.  Un buen día su mandril despensa enfermó de los riñones y ella se empeñó en donarle uno de los suyos.  Si se contrariaban sus deseos y el mandril moría, la niña corría serio peligro de enfermar muy gravemente, según dijeron los médicos, por lo que sus padres no tuvieron más remedio que dar su consentimiento.  La conmoción fue enorme y el sistema entró en crisis.


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3 comentarios:

Beatriz Basenji dijo...

Una joya este cuento.

Francisco Flecha dijo...

Y pensar que este relato es el más visto, con mucho de los 10 años que llevo publicando y que no es por la innegable calidad sino porque un periódico deportivo comento que el mono con que está ilustrado tiene los mismos colores que el Barça... ... ...

Jesús Máiz dijo...

Cierto tipo de gente, que no personas, necesita la confrontación porque así le parece afirmarse en sus creencias.