sábado, 28 de enero de 2012

Las patatas


No sabría decir con certeza si fue fruto de una apuesta o de aquellos tiempos crueles de silencio y frío, pero nunca he visto tan cerca y palpitante el rostro del miedo y de la angustia como aquel día de finales del invierno en que Felipe Fernández, natural de San Justo de la Nava, rompió el silencio del enorme refectorio, con los ojos clavados en el, todavía inmenso, plato de patatas, suplicando entre gritos y sollozos:
                -“¡Píncheme, don Telmo, píncheme que me he entelao!”.

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sábado, 21 de enero de 2012

El pescador de sirenas

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Versión narrada 
El pescador de sirenas 


  Versión escrita
Lourenzo Oliveira, natural de La Puebla del Caramiñal y residente en la villa, de oficio pescador, soltero y sin compromiso, con domicilio en la Ruela do Porto, número 24, donde vivía en estricta soledad desde que falleció su madre con los fríos de febrero del año 74, sintió que su vida había cambiado de forma radical y para siempre el día en que subió a la barca,aunque parezca difícil creerlo, enredada entre las redes y casi escondida entre las xovas, una sirena.


Así como suena: una sirena.


Y cambió, como digo, su vida, de forma radical y para siempre. Mucho más de lo que jamás hubiera imaginado.


Escondió como pudo la pesca, que la gente es mala y envidiosa y, más que nada, por no dar explicaciones (que no era amigo de andar hablando a lo bobo con vecinos) alojó como pudo a la sirena en el pilón que tenía en el patio para lavar las almejas, el berberecho y las navajas.


Fueron días de vino, de besos y de risas. Le volvió la alegría y se hicieron más dulces y más cortas las noches del invierno.


Pero el tiempo y la rutina le hicieron poco a poco consciente de que los placeres primeros llevan siempre consigo, también, inconvenientes.


Fue primero la molestia cotidiana de dormir en el pilón, con el agua enfriándole los lomos y aquella humedad criminal para el reuma. Después, los caprichos de la bella, insoportables para un hombre de costumbres recias y ajeno a los caprichos: que si no le gustaba el pote, que hay que ver, que no me quieres, que por qué no me compras frutas de esas tropicales como aquellas de las islas desiertas del Caribe, que si esto y que lo otro.


Y así, día tras día.


Pero, incluso, a esto fue heroicamente acostumbrándose. Luego comenzaron en ambos, con los primeros días del verano, los cambios paulatinos: se le fue cubriendo a él el cuerpo con escamas, mientras ella cada día estaba mas suelta, más lozana. Se desprendió un día de la cola y resultó una moza guapetona, hecha y derecha, como Dios manda.


Pasados los calores del verano, con los días lluviosos del otoño, ella anda todo el día enredada por la calle, de charla con amigas por la Puebla, de cafés con bollería en la terraza de "Las Brisas".


Y él siente que el pilón empieza a quedarle un poco estrecho, ahora que se ha visto totalmente convertido en un atún de tres arrobas.

jueves, 19 de enero de 2012

Aleluyas de Zapopan


Las mujeres del milagro
que se cuenta en este exvoto
se llevaron un buen susto
pero no me creáis tonto
si no se si lo sentían
por el burro y por el gocho
que tenían al cuidado
o estaban pensando en otro
que estaría en la cantina
disfrutando tan orondo, 
(burro y gocho que les dieron
en el santo matrimonio).


Cuando vimos que se avecinaba una tormenta, mi hermana y yo corrimos a meter a los animales al cobertizo, pero apenas metiendo al burro, se soltó la tormenta, tan fuerte que ya no pudimos ir hasta la casa y sólo oíamos como se cimbreaban las maderas y rezamos a la Virgen de la Paloma para que la construcción aguantara el embate de la lluvia y el viento porque por momentos parecía que volaría por el aire.  Damos gracias porque sí resistió y nos protegió a todos.

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domingo, 15 de enero de 2012

La milagrosa curación de Basilio


Basilio, el mudo de Pobladura, rompió a hablar, sorpresivamente, a los 40, el día en que, por primera vez, alguien, un forastero que pasó frente a él, le preguntó, simplemente, cuál era el camino de La Nava

jueves, 12 de enero de 2012

Aleluyas de Zapopan

No es malo que los demonios
sean guarros y descarados
y que asalten las bodegas,
sino que sean colorados,
pues la gente, que es muy mala,
creen que esto les ha pasado
por rojos empedernidos,
comunistas descarriados,
que no hacen caso de cruces
ni de rezos de rosarios
y que, ya ves tú por dónde,
sólo temen a los gatos



Unos demonios chocarreros se metían a mi bodega y se comían las frutas y las mermeladas y dejaban todo tirado y con olor a azufre.  Y de nada servía echarles agua bendita o ponerles cruces.  Pero sucedió que mi hermano me regaló un gatito y como todos saben a los demonios les asustan los gatos y gracias a N. S. de San Juan los diablos ya no regresaron nunca.

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domingo, 8 de enero de 2012

Cuentas claras

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Don Arsenio,  boticario en Pobladura desde hacía treinta años y alcalde cumplidor y puntilloso, llevaba las cuentas del común con el mismo cuidado y pormenor  que acostumbraba en la botica y, en cuaderno dispuesto para el caso, anotaba cada gasto realizado.


Al repasar hoy aquellas cuentas, llama la atención un apunte que refleja tanto la meticulosidad, como se ha dicho, como un cierto desánimo ante la ineficacia burocrática de la Administración Provincial:


"A León, para no hacer nada, cuatro duros".


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jueves, 5 de enero de 2012

Aleluyas de Zapopan

Bien se ve con este exvoto
que no hay nada en este mundo
mejor para los negocios
que pactar sin disimulo.
Mas que sepas, compañero,
que en cosa de los derechos
no trates a los obreros
como si fueran conejos,
que por mucho que te ayuden
todos los santos del cielo
no se verán satisfechos
comiendo berzas podridas
mientras te apropias del huerto
y menos, ya te lo digo,
si por más recochineo
aprovechas sus rebrincos
para hacerte un criadero.



Varios conejos se venían a comer las verduras de mi huerto. Yo le recé a san Francisco de Asis y él me dio el don de hablar con los conejos y yo me puse a razonar con ellos y les prometí que les daría las verduras algo dañadas a cambio de que dejaran en paz mi huerto y ahora tengo criadero de conejos porque ellos me obedecieron y yo les alimento con lo que me sobra y somos muy felices juntos y doy gracias.


domingo, 1 de enero de 2012

La autocrítica

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Versión narrada´
La autocrítica

Versión escrita

Durante mucho tiempo, en aquellos años de juventud, fue referencia obligada de todas nuestras conversaciones de bodega en tardes de amor y vino.


Cualquiera que fuese el punto de partida, la conversación caía siempre, en algún momento, en el recuerdo de alguna tierna ferocidad, conocida por todos, del cabo Picurri.


Siempre se contaban las historias como nuevas, aunque eran siempre las mismas, y siempre las reíamos como si hubiesen ocurrido ahora mismo.


Se convirtió en una especie de héroe de tebeo, orgulloso y exigente, tierno y desvalido, azote y mayoral de la tropa en aquel campamento de reclutas destinado, parecía, a que los mozos de reemplazo de Murcia o Extremadura descubrieran en sus carnes la experiencia irrepetible de las heladas de Enero en las altas parameras de esta tierra.


Los quince años de oficio a golpe de reenganche, la voz un poco rota por culpa del tabaco, del orujo o de los gritos que acompañan la instrucción le daban mucha más autoridad de la que cabría esperar de los galones o de la estampa militar que cabía en su metro sesenta de estatura.


Como de todos los héroes de leyenda, se contaban de él cuatrocientas aventuras de faldas sabiamente entremezcladas y las visitas de otras veinte al coronel a reclamar justicia o protección por la deshonra sufrida en noches de verbena al abrigo de las parvas en las eras.


Porque el cabo, además de otras prendas más íntimas u ocultas tenía un hablar meloso cuando estaba con mujeres que para sí lo querría más de un capitán de la academia.


Incluso, cuando estaba de servicio en el cuartel, sobre todo al llegar los sargentos de complemento (a quienes solía mirar con indulgencia porque, a pesar de sus estudios, no eran militares de raza y de macuto, exageraba, si cabe, el cuidado en la expresión.


Era entonces cuando solía decir, como advirtiendo, aquella frase, al principio de las guardias, que quedó para nosotros como un lema insuperable:


- "¡Ten cuidado, chaval, y no te duermas, que te meto una autocrítica que te cagas!"


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