No me duele, compañero
armar un verso rimado
para cantar el portento
de este sonado milagro,
que ya decía mi abuelo,
que de amores sabía un rato,
que el amor es siempre ciego
y arregla el desaguisado
de la que no fríe un huevo
pero caza al Arguiñano.
Mi hija Dora cocinaba horrible y casi siempre quemaba la comida y yo tenía miedo de que no consiguiera marido y le pedí ayuda a San Pascual y el santo, en su infinita sabiduría, sabiendo que mi hija es un caso perdido, hizo que se casara con un cocinero y para él es la mujer ideal porque no se mete en su cocina como las otras y además siempre le elogia todos sus platillos. Doy infinitas gracias a san Pascual, patrono de los cocineros.
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