viernes, 28 de enero de 2011

Esperando a Gulliver

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Mi hermana Betty y yo pasamos la infancia viendo languidecer a nuestra madre que, aún sin decirlo, esperaba día tras día, a su marido (y nuestro padre), Gulliver, empeñado en enrolarse, vez tras vez, en aventuras marinas apenas comprensibles y de las que volvía contando historias increíbles, teniendo, como tenía, una familia y una profesión en estas tierras de Inglaterra que podrían habernos procurado a todos una vida acomodada de burgueses respetuosos de Dios y de las leyes. 


 Que no es mucho desear, supongo yo.

Fueron, para madre, como digo, días y noches esperando a Gulliver. Años de penuria viendo crecer a los hijos y alejarse al mismo tiempo, con mucha pena y poca gloria, los años de la risueña juventud. Días y días con la vista fija en altamar imaginando que volvía.

Hasta que un día dijeron que un barco roto, totalmente desguazado (o lo que quedaba de ello) había encallado, como quien viene a morir en tierra firme, en la Playa del Poniente. Alguien dijo que en su costado se veía algún resto de su nombre: “Wooden Rose”.

Era el nombre del barco en que padre había emprendido su última aventura enloquecida.

Madre se acercó hasta la playa, temerosa y excitada, reprimiendo un sofoco repentino, controlando la emoción, mascullando los reproches que había repetido mil veces por las noches golpeando con el puño las almohadas.

No había nada en medio de aquella ruina ¿o tal vez si? Una pequeña cajita, como una casa de muñecas, con pequeñas ventanas con macetas diminutas y allá dentro, saludando con la mano, un ser igualmente diminuto que (seguramente era sólo una ilusión) asemejaba al Gulliver de entonces en tamaño sorprendentemente reducido.

Recogió la cajita, se la llevó a casa y alimenta, desde entonces, al hombrecillo con migajas de galleta. Y allí tiene la caja colgada en la ventana, aprovechando los rayos del Sol y la brisa saludable de estas mañanas fresquitas de mayo.

A nadie le ha contado su secreto. Ya ha tenido bastante en esta vida de burlas y de lástimas.

Y yo ¿qué quieren que les diga? Pues no me acostumbro a llamarle “papá” a esta especie de pájaro enjaulado al que antes apenas había visto
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miércoles, 26 de enero de 2011

Aleluyas de Zapopan


SI EL NOVIO TE QUITA EL APETITO
PIDE OTRO PARA TU PERRITO


Por la pena de que su amado novio la dejara, Elisa Morales se dedicó a comer para matar el dolor pero a causa de esto empezó a engordar y lo mismo su perro y su gato que ya parecían balones.  Elisa al darse cuenta de que ya ninguna ropa le quedaba le rezó a san Pascual para que frenara su hambre y el santo hizo que conociera a un guapo muchacho y eso la hizo perder el apetito y ya bajó de peso con ese nuevo amor.  

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sábado, 22 de enero de 2011

Estudio de Perspectiva

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El raro prodigio y el hallazgo portentoso de la perspectiva, lograda por la sabia distribución de masas y volúmenes, de líneas de fuga, de violentos escorzos, fue el tributo necesario, según cuentan, que tuvo que pagar  la sufrida Tommasa di Benedetto Malefici cuando, deseosa de sexo y de ternuras, llamaba desde arriba a su marido Paolo Ucello que se entretenía, noche tras noche, en el estudio hasta el alba.


-¡Paolo, caro, vieni a letto, per carità!


E, impasible, el maestro, noche tras noche, contestaba:


-¡Che bella cosa, sai, la prospettiva!


Y eso era todo. Y así, noche tras noche, día tras día.


Pasaron algunos años y como, al final, nada hay más público que los asuntos privados de la cama, toda Florencia  celebraba a carcajadas cuando alguien, al contar que una tarde el pintor había pillado a la Tommasa fornicando fieramente, sin piedad y a todo pasto con un carnicero de Calabria, apostillaba que al Ucello, aquel descubrimiento le había enseñado, de repente, mucho más sobre los puntos de fuga que los veinte años de estudios hasta el alba.


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jueves, 20 de enero de 2011

Aleluyas de Zapopan

LA COSA DE DOÑA INÉS
OCURRIÓ MÁS DE UNA VEZ


Creí que Dios me llamaba y entré de novicia a un convento.  Pero sucedió que mi antiguo novio Luis Reyes regresó al pueblo y se enteró de mi decisión y una noche, antes de que tomara los hábitos definitivamente, entró por mi ventana y entonces me dí cuenta de que aún lo amaba y nos escapamos por los tejados.  Doy gracias a Nuestra Señora del Rosario de que me abrió los ojos antes de cometer un gravísimo error.

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domingo, 16 de enero de 2011

Grajas de otoño

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La casa de tía Encarna estaba en la misma Plaza de la Catedral, justo enfrente de la Fachada del Poniente, la que guarda todo el encanto de la dorada piedra de Boñar, refulgente de Sol, cuando el resto de la plaza comienza a dejarse apoderar por las sombras de la tarde.  A esta hora subía cada tarde el primo Julián a la terraza para ver a las grajas emprender su viaje cotidiano a las choperas junto al río donde iban acomodándose para el sueño en medio de un gorjeo estruendoso e irritante.

Siempre envidió el planear de las grajas por encima de tejados y terrazas, deslizándose como empujadas por el viento sin apenas un solo batir de alas.  Ensayaba el movimiento cada tarde en la terraza imitando sus graznidos.

Al principio pareció una simple diversión inocente de un niño fantasioso.  Con el tiempo, la rareza de un adolescente un poco ensimismado.  De joven se intensificó la manía con aquel andar a saltitos y el gusto por las semillas y las pipas que comía compulsivamente, como quien picotea el alpiste.

De hombre, después de haber suspendido cinco veces las oposiciones a Notarías, añadió a sus manías la de vestir enteramente de negro (mismamente como un grajo) y pasarse el día arriba en la terraza observando el ir y venir, el revoloteo incesante de los grajos.

Cuando aquella tarde de otoño la gente de la plaza le vio encaramado en el repecho de la terraza, no pudo reprimir el grito y el desconcierto que acompaña a la visión de un suicida a punto de lanzarse decidido a encontrarse con la muerte.

Se lanzó el primo Julián, se produjo un torpe manoteo, unas desmadejadas volteretas en el aire, como un muñeco roto y cuando ya nada parecía poder evitar lo inevitable, serenó su figura, dio dos leves aleteos con los brazos y se perdió para siempre planeando por encima de terrazas y tejados.


 Una colección de acuarelas del Camino de Santiago que merec la pena visitar)

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jueves, 13 de enero de 2011

Aleluyas de Zapopan

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PARA EMPEZAR EL AÑO NUEVO
NO HAY MEJOR COSA QUE UN VUELO


Yo estaba sumida en una profunda tristeza y había perdido hasta las ganas de vivir, pero entonces vino mi ángel de la guarda y me sacó volando de la sombra y me llevó con él por las galaxias y vi la luz de miles de soles y ante tan importante belleza y grandiosidad mi vida tomó otro sentido y decidí ser feliz y lo he cumplido y doy gracias a mi ángel por enseñarme lo bello de la vida.


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martes, 11 de enero de 2011

Ernesto Pérez Valladares, escritor inédito

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Recibo una carta de Ernesto Pérez Valladares, personaje protagonista del cuento de la entrada anterior, "escritor inédito, traducido al estonio", en la que se hacen algunas precisiones con respecto al argumento, desarrollo y desenlace del mismo.

Se reproduce aquí integramente la carta recibida en reconocimiento y respecto al Derecho de Réplica.



Muy Sr. mio:

Reconociendo el privilegio que, desde antiguo, les asiste a ustedes los cuentistas de fabular a su albedrío, haciendo que las cosas aparezcan sucedidas como les place decir que han sucedido, pero sin renunciar al derecho que, según creo, nos asiste, igualmente, a los personajes que salimos en sus cuentos, me dirijo a usted humildemente para, en lo que a mi respecta, poner las cosas en su sitio.

Dice usted en su cuento "escritor inédito, traduicido al estonio" que un servidor, Ernesto Pérez Valladares, después de muchos años de trajín y sinsabores, consiguió ver sus cuentos publicados en estonio.

Ya sé que, dicho así, suena ocurrente y parece  la mejor manera de enratar un cuento con sobrado fundamento, pero pues que me saca con nombre y apellidos, por no confundir al respetable, debo decirle que mantenga usted el cuento, si tal es su deseo, pero que cambie los nombres y apellidos porque lo mio, aunque parecido en los inicios, tiene un final bien distinto.

Es cierto que un servidor, Ernesto Pérez Valladares, dedicó parte de los años de su mocedad a recorrer los pueblos de este reino que usted dice, compaginando el oficio de afilador y hojalatero con la afición a contar aleluyas, chascarrillos y romances en los filandones del invierno por agradecer el cobijo que le daban en tenadas y paneras.

Así hasta que sentó la cabeza o se la hizo sentar Edelmira, la pequeña de Efraín el molinero de Santioste, donde vive desde entonces.

Y en este ir pasando por la vida llegó, en una ocasión, hace ahora siete años, a pedáneo del dicho pueblo de Santioste.

Es cierto que estando en el ejercicio de su cargo, se le presentó alguien (cuyo nombre me reservo por no meterme en lios), con un puesto de postín en la capital de la provincia, interesado en comprar la era del pueblo para hacerse una "segunda residencia" (cosa que aquí llamábamos "chalés").

Y, como quien no quiere la cosa, como simplemente por dar un poco de palique, le preguntó a quien suscribe por aquello de los cuentos y se empeñó en que le diera una copia que el haría llegar a una editorial de alto copete en un país extranjero, propiedad de un amigo (por no decir casi un hermano) que  quería  publicar lo mejor de lo mejor de escritores de prestigio.  Como éste podría ser, precisamente, el caso.  Que no es por halagar. Que yo sé que lo suyo es oro puro.  Lo mejor de las raíces de esta tierra.

Y lógicamente (que quede bien claro don Ernesto)  esto no tiene nada que ver con los negocios que nos traemos entre manos.

Lo de la era, no llegamos a venderla, que el pueblo no quería vender el mejor sitio que teníamos para jugar a los bolos, los aluches o la verbena de las fiestas.

Y lo del libro (que, como bien decía el forastero, no tenía nada que ver con todo ello) fue retrasándose por la cosa de los trámites (que siempre son muy lentos allá en el extranjero).

El domingo pasado vi al forastero en la cantina, hablando muy enfrascado con el nuevo pedáneo de mi pueblo y, así como de paso,me dio las últimas noticias:

- "Oye, que del libro no hay nada.  Que hasta allí llega esta crisis del diablo".

Así están las cosas, ya le digo.

Un saludo afectuoso

Ernesto Pérez Valladares
Escritor inédito, todavía.


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domingo, 9 de enero de 2011

Escritor inédito, traducido al estonio

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No podía creerlo. Le parecía casi un sueño. Y lo malo es que, ahora, después de tanto luchar por ello, ahora que lo tenía entre las manos, apenas le había producido ningún placer especial. Es lo que pasa con las cosas que hemos deseado con ahínco: que cuando llegan nos encuentran ya sin fuerzas, como vacíos de deseos.

Pero bueno, al fin lo había conseguido. Allí estaban sus cuentos, editados por una prestigiosa editorial, encuadernados en pasta dura con una sobrecubierta roja cruzada por un milano en pleno vuelo y su nombre en letras de molde: Ernesto Pérez Valladares.

Era aquello el producto de más de treinta años de una escritura lenta y trabajosa. Eran cuentos que había enviado a casi todos los concursos organizados por ayuntamientos, cofradías y sociedades deportivas. Cuentos que había ido leyendo, cuando tenía ocasión, en calechos y filandones.

Vino después el afán de publicarlos. Cosa que, en principio, jamás había pensado, porque lo que le gustaba era contarlos y ver la cara que ponían los oyentes. Pero Don Mauro Cospedal, maestro consumado en el género y por el que sentía una sincera y rendida admiración, le dijo un día (no sé si de corazón o por pura condescendencia) que era una pena que todo aquello estuviese desaprovechado sin salir a la luz pública.

Mandó ejemplares en cuadernos de espiral por lo menos a doce editoriales. Todavía está esperando que alguna le conteste.

Hasta que, ya ves tú, por alguna de estas cosas raras del destino, como resultado de una clases de Español para Extranjeros que dio este verano a un grupo de profesores que venían desde Estonia, el coordinador del curso le pidió autorización para traducirlos al estonio y que así pudieran ser utilizados allí como material didáctico.

Le acaban de llegar, recién salidos de la imprenta, doce ejemplares de su obra. Pero le produce un notable desconcierto el hecho de que ahora que, por fin, los tiene entre las manos, lo único que encuentra inteligible es su propio nombre escrito allí con letras de molde.


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jueves, 6 de enero de 2011

Aleluyas de Zapopan

TE VOY A DECIR, GENARO,
QUIÉNES A TI TE ROBARON:
EL LADRÓN FUE DON JACINTO
QUE NO TE PAGÓ NI CINCO.



Genaro Rodríguez fue a cobrar unos dineros al pueblo y de regreso se vio emboscado por unos bandidos que le robaron todo y da infinitas gracias a la Virgen porque don Jacinto no le pagó el ternero que le había vendido y que era mucho dinero y solo traía lo de la venta de unas gallinas que no era mucho y ofrece este retablo en agradecimiento.


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