sábado, 27 de febrero de 2010

El viejo coche

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Cuando padre murió, algunas cosas en casa cambiaron de golpe y para siempre. Las chicas apenas notaron diferencia, abocadas como estaban desde niñas a ese estado indeciso del servicio y de la espera. Pero los chicos nos hicimos hombres de repente. A mí me mandaron a Saldaña con los frailes. Y él se tuvo que hacer cargo de aquello que, pomposamente, podríamos llamar la hacienda familiar.

Fueron, para él, años de trabajo y estrecheces. De silencio y frío, los míos. Quizás por todo ello, cuando de hombre tuvo un hijo, se juró a sí mismo, que aún a costa de su vida, le daría una carrera y un futuro.

Con tal propósito lo mandó a Madrid a hacerse médico, que es una cosa con futuro y señorío. Allí el chico estudió para ir tirando, conoció los mejores mesones de la villa y trabó amistad con el rico heredero de un cortijo de Jerez al que, en un verano, le apeteció conocer los pueblos de montaña de este reino agreste y montaraz. Como quien emprende una aventura en los confines. Y quiso ver, con mi hermano, las posesiones familiares:

-¿Sólo tienen dos vacas? Tenemos nosotros en la finca 300 cabezas de ganado y eso porque cedimos otras 200 a mi hermano para encastar su propia ganadería.

- ¿Sólo tienen tres ovejas? Tenemos nosotros 3500 pastando por las dehesas.

-¿Toda la tierra que tienen está en esta parcela?. Tardamos nosotros casi tres días enteros en recorrer en coche las fincas del cortijo.

Aquello colmó el vaso del aguante. Mi hermano, mientras quitaba las hierbas con la azada, sin levantar la cabeza, le espetó, contundente, al señorito:

-Nosotros también tuvimos un coche como ese y tuvimos que mandarlo a la chatarra.


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8 comentarios:

Moncho dijo...

Para variar otro relato en el que el "éxito" de los protagonistas empalaga un poquito.
Bueno, tras la ironica critica, te diré que es uno de los que mas me ha gustado, los "triunfadores" suelen ser algo aburridos.
Seguro que tu fijación se llama de alguna manera.

Un saludo.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Pues sí, Moncho, me gustan las historias de perdedores. (Sufrí durante casi cincuenta años la historia de los vencedores).
Saludos

conchi dijo...

Yo me quedo con la primera parte, la de los chicos a estudiar, las chicas a guardar la casa y "esperar".
Me recuerda a muchas historias muy cercanas, podría ser Saldaña o Toro o Zamora o cualquier otra...
Los señoritos no me gustan, algunos tendrán buen fondo, pero tengo el defecto de no darles ni siquiera la oportunidad.
Buena semana.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Lo cierto es que los señoritos tampoco esperan o necesitan "oportunidades". Como las vacas y las ovejas, tienen las oportunidades por cientos.
Saludos

diegocabero dijo...

Los señoritos perdiéndose las grandes y sencillas cosas de esta fugaz vida por contar hectáreas y cabezas de ganado... Cuenten y sigan contantando y entre tanto no verán la "milana bonita".
Un saludo Paco

Francisco Flecha Andrés dijo...

Un abrazo, "Caberín" y gracias por la visita y el comentario

ARGOS II dijo...

Me gusta este relato. La humanidad es igual acá o allá.También me gustan las historias de perdedores pues están cargadas de mucha sustancia emocional y suelen ser mejores que las petulantes y siempre exageradas historias de ganadores, tanto en la guerra como en los negocios.
Cordial saludo desde Tabio,Colombia.
Kapizán

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amigo Kapi: A mí también me gustan mucho tus cuentos (y aprovecho aquí para recomendar una visita a tu blog y una lectura reposada.

Saludos desde este viejo León encanecido que mira con gusto y reverencia lo que ocurre en ese lado del charco.