viernes, 21 de septiembre de 2007

Como un hombre

Estaba continuamente preocupada. Se le notaba a la legua que era madre primeriza por la angustia que ponía en cada gesto:

-¡Ay, por Dios, que el niño llora!; ¡Ay, por Dios, que no se duerme!; ¡Ay, por Dios, que no me mira!"

O sea, todo el día en una continua cantinela de "ay, por Dios".

Cuando vió que el niño no engordaba, la cantinela se volvió un sin vivir.

Bajó a la capital y cuando el médico le preguntó qué tal mamaba y si cogía bien el pecho, contestó sin pensarlo ni un momento:

-"Si, señor, si; como un hombre".

Y es que, en realidad, hay cosas en las que, al parecer, los hombres son maestros.

2 comentarios:

Berenice dijo...

Encontré este blog, paseando por las páginas del Google, destino: Blogs literarios.

Y me quedé un rato, lo justo o injusto para dejarte un comentarioa decente.

Un saludo.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Gracias por la visita. Vuelve o quédate el tiempo que quieras. Siéntete en casa.
saludos