sábado, 24 de abril de 2010

Educando a Tarzán


Versión narrada




Versión escrita

EL FURIOSO TRAJÍN DEL PEREZOSO.

Todo el misterioso encanto de la jungla se hace especialmente intenso en los minutos previos a que estalle la tormenta.

Se para, de repente, el ruidoso gorjeo de los pájaros, el chillido nervioso de los monos, el viento en las copas de los árboles y un bochorno espeso y silencioso avanza reptando como el vaho enredado en el manglar.

Todo cesa de repente. El ir y venir, el revoloteo incesante de mosquitos y de insectos.

Sólo los bichos perezosos parecen despertar de repente y enfrascarse en empresas y trajines como si estuviera por llegar, de improviso, el fin del mundo.

Chita, con gesto de desprecio, observa con desdén el ajetreo:

-"Tarzán, hijo, no te dejes impresionar: el que tiene mucho que hacer es que, todavía, no lo ha hecho".


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sábado, 17 de abril de 2010

Los novios

Con permiso de Favelis

Permíteme, Favelis una historia paralela, como contrapunto

Versión narrada



Versión escrita

Se habían conocido en una de esas excursiones del Club de los 60 y habían decidido, a pesar de sus hijos y sus nietos, espantar en común la soledad y compartir las pensiones, las pastillas del reuma, los recuerdos y el otro lado de la cama. Y así, en la dulce rutina cotidiana, fueron pasando los días y las cosas.

Una mañana, al despertar, quizás espoleada por algún sueño pasajero o por el deseo de terminar con aquel concubinato, ella, que había sido siempre tan mirada, tan cuitada y tan decente, le dijo al compañero:
-Ramón ¿Y si nos casamos?
-¡Qué cosas se te ocurren! ¿Quién nos va a querer a nuestros años?

jueves, 15 de abril de 2010

Cunetas republicanas



 En su día, Juan Luis, extraordinario fotógrafo, inmejorable director de nuestra orquesta y, por encima de todo, amigo entrañable y compañero, publicó en su blog esta maravillosa fotografía con el título de "túmulo republicano" a la que me permití poner como comentario un poema improvisado que ahora mismo reproduzco.

Florecerán los muertos,
florecerán cantando
la vieja canción de la esperanza
que la mano embrutecida de un cualquiera
hizo callar, a golpes, por la espalda.
Sin darse cuenta
que algún día,
hoy, por ejemplo,
las inmensas cunetas florecidas
señalarán el camino
que quisieron borrar
con sangre y ruido.



Todo ello me ha venido a la memoria al ver  hoy la misma foto en el blog de Salvador Armesto y querer unirme a todo ello