lunes, 3 de mayo de 2010

La mar, el mar, maldito mar

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Fueron quince días con sus noches los que madre se pasó acurrucada en el cantil, escrutando la mar embravecida que se tragó, en una tarde de galerna, a "La Galana II" con todos sus tripulantes, por dar sepultura a padre en tierra firme para que, al menos, su espíritu pudiera descansar como Dios manda de sus cincuenta años de faena y mal vivir.
Fueron quince días, con sus noches, con los ojos enrojecidos por el pasmo.
Y esperó inútilmente.
Cuando los hubo cumplido, como un rito, nos cogió de la mano, mandó decir una misa, tapió las ventanas que daban al cantil y jamás volvió a mirar al mar.
Nunca más.
Nunca más.
Nunca más.   Hasta su muerte.


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9 comentarios:

conchi dijo...

Ya ves, y algunos suspiramos porque cuando nos llegue la hora tengamos los ojos muy abiertos y la vista, la cabeza y la memoria llenas de mar.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Parece, Conchi, que el mar se ve de forma distinta cuando es el paisaje del descanso que cuando es el duro territorio del trabajo y de la ausencia.
Saludos

almalaire dijo...

Es como la quinta vez que vengo y quiero decir algo. Luego vuelvo a leerlo y ya no me sale nada.

Si quería que supieras que me ha gustado muchísimo.

Un abrazo, Francisco.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amiga almalaire: creí que ibas a decir que es la quinta vez que pongo este relato. Habrías acertado porque es, seguramente, el cuento que más he repetido.
Me alegro de que te guste.
Un abrazo

Suel dijo...

Precioso.

Manoli dijo...

Ese "nos cogió de la mano y mandó decir una misa", estremece. Me imagino al hijo que rememora ese episodio de su infancia; la marca que deja ese mar que tanto les habría dado y tanto les arrebató. Y así como no volvió a mirar al mar, imagino que en esa casa se vivió sin nombrarlo, sólo su sonido y su olor ya les abriría la herida que nunca se habría cerrado.

Gracias por el relato/Manoli.

ARGOS II dijo...

Es increíble como logras atrapar tantos y tan profundos sentimientos en tan pocas palabras. Hermoso cuento. Felicitaciones.

Kapizán

Francisco Flecha Andrés dijo...

La historia quiere contar algo de esos tiempos duros y de las gentes que los habitan en los que las grandes tragedias se resuelven (o se soportan) sin palabras, sin gritos ni estridencias, en los que el dolor crece hacia dentro.
Gracias, Manoli, por la visita y el comentario

Francisco Flecha Andrés dijo...

Gracias, Suel