sábado, 30 de enero de 2010

Los restos del naufragio

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Con permiso de Favelis  


Polvoredo, o sea, Pepín el de Polvoredo colgó la sotana y, con ella, aquella vocación de salvar almas que venía sosteniendo, con orgullo de su madre, desde que supo decir las primeras palabras. Tomó tan heroica decisión la víspera de volver al seminario, la última tarde de septiembre del verano en que descubrió la flojera de rodillas y el sofoco repentino al cruzarse en la calle con Cristina, la vecina que, de pronto, se había hecho mujer sin darse cuenta.  


Después resultó que a Cristina le gustaba mucho más Miguel, el mancebo de farmacia. 


Después de unos meses lamiendo sus heridas como un tigre, por salvar a los obreros, se apuntó a algo de Jóvenes Obreros, que era cosa de reunirse los jueves en los salones de la iglesia y tomar unos vinos en pandilla a la salida. Lo dejó el día que Mercedes, que tenía aquellos ojos y otras cosas, le dijo, después de algunos escarceos, que sólo le quería como amigo. 


En pleno desengaño, por salvar a las ballenas, se apuntó a una ONG que recaudaba fondos vendiendo chapas y folletos los domingos en el rastro. 


Hasta que descubrió que las ballenas no daban acuse de recibo de los fondos recaudados los domingos. 


Hoy le he vuelto a ver. 


Después de tanto tiempo. Le he encontrado mayor. Como él a mí, seguramente. Me dijo, sin tristeza ni entusiasmo, que ahora, acostumbrado ya a la desventura, se ha apuntado a la legión dispersa y sin bandera del "sálvese quien pueda".


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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que también esto ya te lo he dicho alguna vez, pero insisto: después de leer tus relatos mis viñetas me gustan más. Incluso si se trata de alguna que no me gustaba nada, empieza a gustarme un poco.

Pienso ahora en que si alguna vez me encuentro ante un editor que piensa como yo -o sea que no confía demasiado en mi trabajo- sin más, le leeré tus relatos a continuación de cada viñeta.

Con permiso.
Abrazo.
Favelis.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Maestro Favelis:
Es justamente lo contario: si no fuera por tus viñetas no se me ocurriría nada para escribir
Un abrazo cordial y agradecido

ARGOS II dijo...

Me encantó este relato, que apenas hoy descubrí. Es increible como llegas al fondo del alma de tus personajes con muy pocas palabras. Fascinante prosa; con razón le gusta al maestro Favelis.Felicitaciones.

Un abrazo, Kapizán

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amigo Kapi: es fácil llegar al fondo del alma de los personajes cuando los personajes se parecen tan peligrosamente al narrador que, a veces, parecen llegar a confundirse.
Un abrazo