sábado, 6 de junio de 2009

El tranvía de Avilés

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Versión narrada




Versión escrita

Los habitantes (menguantes, también ellos) de este reino cuyas crónicas escribo han sentido, desde siempre, por algún atavismo que no alcanzo a comprender, una especial simpatía hacia la gente que viene a secarse desde Asturias.

Asturias es ese otro reino primigenio donde fuimos lo que somos cuando, como dije, los osos andaban por los montes acechando y dejándose acechar por reyes y señores.

De Asturias nos vino el Roxu Xuan de Cova (Juan Campal, quiero decir, para qué andar con más rodeos), con alma de niño y hechuras de Conde de Bocamar, recién estrenado el traje y la apariencia que quería vestir de grande. Desde entonces, que ya hace, ha ido sembrando en estos praos la vida, la esperanza y algunas historias de mujeres y magnolios. Y en momentos de murria y confianza le habló al cronista de Cova y de esta historia jugosa de mozas y tranvías.

Pues la cosa es que, por entonces, cuando Avilés era todavía una ciudad tranquila y señorial, cuando aún no se habían ennegrecido pulmones y placentas con los humos de ENSIDESA, cuando sólo la habitaban “los de siempre”, pues que aún no había “coreanos”, cuando los indianos construyeron sus villas con palmeras en la Calle de la Cámara, en la Plaza de las Aceñas, en la Calle de San Francisco, en la “colonia” de Villalegre; por entonces, cuando empezó en aquellas tierras “lo moderno”, la “Compañía del Tranvía Eléctrico de Avilés” abrió la línea de “Avilés a Salinas y viceversa”.

Aquello alivió enormemente las largas tardes de domingos en Agosto, repartidas entre siestas silenciosas, aguantando la calora y paseos rutinarios por las calles de Galiana y de Rivero.

Era un viaje pausado, flanqueando la carretera de la ría, los pinares, la línea de la costa y algunas casas de indianos. Suficiente. Hasta los confines de aquello tan cercano.

Cova y Leo tomaron el tranvía alguno de aquellos domingos del Agosto y se enfrascaron en una larga y cómplice retahíla de susurros y sonrisas amagadas. Pequeñas confidencias y secretos de dos mozas casaderas, que parece que se hacen más abiertas cuando cambia el paisaje y se evitan las miradas más cercanas.
Y así llegaron a Salinas y el tranviario, tocando la campana las avisó que debían apearse, que aquello era el final del viaje.

Y fue entonces cuando Cova le dijo solemnemente aquello que quedó como herencia familiar:

- “No, no, perdone. Nosotras vamos a viceversa”.


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9 comentarios:

Juan Campal dijo...

Voy matate. No se te puede contar nada. Pero en fin, todavia me estoy riendo como el sinfín de veces que se lo oí contar a mi madre.
Hay muchas más anécdotas... pero cualquiera te cuenta más, jajajajaja.
Se te quiere... y mucho,
Xuan de Cova
Conde de Bocamar.

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amigo Juan. Yo ya digo bien claro que soy un cronista. Las cosas están ahí, yo simplemente las cuento. De todas formas que sepas (puesto que se trata de la "segunda edición") que este es uno de los relatos que ha sido más leído.
Te agradezco que en su momento me contaras la historia, sabrtosa y tierna
Un abrazo

Anónimo dijo...

Paco: Mira que yo toda la puta vida queriendo ir a viceversa para ser original y ahora resulta que ya habia alguien delanta. Esta visto, todo esta inventado.
Salud

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amigo anónimo: te advierto es que lo mejor es que sigas deseándolo, sin haberlo conseguido, porque una vez que llegas a viceversa ya no hay posibilidad de volver
Saludos

Anónimo dijo...

Hombre Paco, creeras que me lo has arreglado. Yo queria ir a viceversa, para no llegar.
Salud

carloshjorge dijo...

Yo también me anoto para ir a Viceversa, ya que no puedo llegarme a Valencia (de España).
Un saludo desde Maracay, que queda a 40 Km de la Valencia de Venezuela.
Humberto

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amigo Humberto: me alegro de verte por aquí: esto de internet es lo más parecido a un tranvía de cercanías
Saludos

Anónimo dijo...

Un relato o anecdota muy interesante y entretenido, ye que por Asturies somos así de originales, ir contracorriente ye lo corriente y cuando algunos van nosotros ya volvemos. ¡Que se le va a facer!

Francisco Flecha Andrés dijo...

Amigo anónimo: tal vez yo debería contestar: "¿qué ye, que no se nota, o?"
Saludos