lunes, 3 de noviembre de 2008

Biblias en España

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Don Jorgito el inglés, rubio como un querubín de los retablos, de cara repulida como una damisela, pero de un hablar recio y retorcido como de mozo de escuadra catalán, vino hace ya doscientos años, desde sus tierras de Irlanda, a vender de casa en casa por los pueblos de España nada menos que Biblias protestantes (que se dice bien y pronto lo que es equivocarse de cuajo y por entero: vender Biblias a paisanos ignorantes que sabían leer con la misma soltura que sus mulas y adoctrinados por curas aguerridos, carlistas, trabucaires, capaces de haber mandado al inglés a los infiernos, como cosa de obligado cumplimiento sin apenas dejar que soltara ni un resuello).

Se hacía acompañar (como antes lo hiciera Don Quijote y como corresponde a un caballero) de un criado griego, mozo de mulas y equipajes que, consciente de estar en tierra extraña, mezclaba las palabras de la tierra con lo que sabía de turco y de italiano.

En los caminos, los duros caminos de la España montaraz y montañosa se encontraron con huestes enteras de truhanes, peregrinos, arrieros, tratantes de la meseta camino de alguna feria y gallegos de vuelta a sus lugares después de haber segado a golpes de hoz, de sudor y de "saudade" los campos ardientes de Castilla.

Precisamente en una de esas charlas de camino, en conversación con Celestino, gallego de Ventosela, parroquia de Redondela, provincia de Pontevedra,encaminada la charla a la cosa de la fé, llegó don Jorgito a preguntarle al segador si creía en Dios nuestro Señor

- "Pues no sé qué le diría. Tal vez sí y tal vez no. Que eso de Dios es cosa de pueblos grandes. De Mondoñedo, por ejemplo, que allí tienen hasta obispo. En nuestro pueblo, mire usted, solamente tenemos la ermita de San Benito y en él creemos, mas que nada".

Sintió Don Jorge la firme tentación de contestarle con las palabras de Don Luis, aquel cura de Creciente que amonestaba a los feligreses con aquello de que, al lado de Dios, San Benito era una mierda, pero calló prudentemente.

Pero empezó a barruntar, a partir de aquel encuentro, que tal vez fuera una locura o, al menos, un absurdo disparate, esta cosa tan sutil y desmedida de recorrer los caminos y querer vender Biblias por las casas como si fuera pimentón o chocolate.


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6 comentarios:

Quillén dijo...

Qué pintoresco y qué maravilla de vocabulario! Un placer como siempre.
Saludos!

Blue Marble dijo...

Hola!

No se crea que me olvidado de su blog aunque tenga el mio algo olvidado.

Sigo visitando este blog y disfrutando de sus relatos.

Como comentario, puedo decir que todo gallego es un filosofo, que mira la vida de una manera muy practica; e independientemente de los estudios que se hayan realizado. Es quiza un elemento atavico de una region a la que le ha tocado durante mucho tiempo echarse la manta a la cabeza.

paflechancho dijo...

Gracias, Blue por la visita y el comentario. Yo también voy perdiendo mecha, como puedes ver
Saludos

panchoflecha dijo...

Gracias, Quillén. Tan cortés y exagerada como siempre. Pero siempre amable.
Saludos

ártabro dijo...

Un chico de estos de Utah, si hombre si, los de la camisa blanca y corbata negra, vamos, un mormón que se dirige a un paisano de Redondela (Pontevedra) intentando llevarlo al buen camino.

Contestación del paisano: No creo en mi Dios, que es el verdadero, ¿como voy a creer en el vuestro?

Francisco Flecha Andrés dijo...

Ahora que hablas de los de Utah, te confesaré un deseo que siempre he tenido clavado en el alma: ser Gobernador de Utah, para poder salir al balcón y saludar a los paisanos con total entusiasmo (y cariño):
-"Queridos hijos de Utah"
Saludos