miércoles, 16 de enero de 2008

La verdadera historia del héroe local

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- Es lo que tiene conocer la historia a través de los archivos y no por los libros de texto. Es, si se me permite la expresión, como ver a una modelo recién levantada y quitándose las legañas en el baño o verla por la tarde en la pasarela, desfilando.

Lo decía continuamente, a quien quisiera escucharle, el Padre Laurentino, jesuita octogenario, que se había pasado la vida, desde mozo, revolviendo los archivos del Cabildo, sin más preocupación que la de reconstruir la historia espiritual y heroica de esta ciudad que construyeron los romanos (o hicieron construir a los esclavos) cuando todavía estaban frescos los recuerdos del Mesías en la otra punta del Imperio.

Allí fue donde encontró, en un legajo, la verdadera historia de Guzmán el Bueno, contada por Frei Diego, capellán de la Plaza de Tarifa en tiempos del asedio (1294).

Pues la cosa, según cuenta el Freile Dom Diego, difiere de lo que se cuenta en los cronicones oficiales (oficiales y retocados, al parecer) y que, en resumen, vienen a decir que el infante Don Juan, hermano del Rey Sancho, aliado por despecho con los moros, por hacer mal a su hermano, amenazaba a Don Alonso Pérez de Guzmán, alcaide de la plaza, con asesinar a su hijo, a quien retenía en su poder, si no se les entregaba la plaza.

A lo que , dicen, contestó el hidalgo con los modos y las letras de la época:

"Don Alfonso Pérez le dijo que la villa que gela non darie; que cuanto por la muerte de su fijo, que él le daría el cuchillo con que lo matase, e alanzóles de encima del adarve un cuchillo, e dijo que antes quería que le matasen aquel fijo e otros cinco si los toviere que non dalle la villa del rei su señor, de que él ficiera omenaje; e el infante don Juan con saña mandó matar su fijo antél e con todo esto nunca pudo tomar la villa"

- Realmente conmovedor. Heroico y conmovedor. ¿Y dice usted, Padre, que no fueron así las cosas?.

-Pues no, aunque a todos nos hubiera aprovechado más si así hubieran ocurrido, que estamos escasos de escenas tan leales.

-Pues, entonces ¿qué pasó?

Pues, como cuenta Frey Diego, ya te digo, en Memorial redactado "por descargo de la su ánima", el muchacho Pero Alonso, hijo primero del hidalgo don Alonso Pérez de Guzmán, mostró, ya desde mozo, una tendencia irrefrenable a enfollonar, a los lances del juego y de la espada, a desenfrenos en pajares y burdeles hasta poner en serio aprieto el nombre y el honor de su apellido.

De nada sirvieron las súplicas y oraciones de su piadosa madre, ni las adustas reprimendas de su honrado padre, que intentó alejarle, cuanto pudo, de la nefasta influencia del Infante, compañero inseparable de juergas y de lances.

Por eso, vieron como una digna salida a los desmanes, la decisión del mozo uy del Infante de alistarse en las huestes de un noble caballero castellano, enfrascado en mil batallas con los moros.

Serenaron el ánimo, pensando que aquello salvaría al mozo de un destino descarriado; pero, cuando Tarifa fue cercada, descubrieron con horror que, entre los moros principales que caminaban al frente de aquella jauría enfebrecida, vestidos a la kora, con seda y collares, como puras barraganas, no había duda, para auténtico bochorno, destacaban, entre todos, Pedro Alonso y el Infante cogidos por la cintura, comiéndose la boca, entre risas, como putas del arroyo.

Don Alonso njo pudo soportar el escarnio y, rojo por la ira, lanzó su daga con la decidida intención de atravesarles la garganta.

Pero el cielo no quiso concederle ni siquiera el alivio de lavar con sus armas la infamia infringida por aquella alimaña que parecía reirse de todo ante sus barbas.

No se supo más de los amantes. Se decía que alguien les había visto alguna vez por la kasbah de Fez.

Vete a saber.

Con todo ello, don Alonso de Guzmán entró en una especie de tristura permanente que no logró atenuar ni el piadoso retoque de la historia en el que parecía salir airoso y bien parado.

Es más, cuando se popularizó el apodo de "Guzmán el Bueno", al oirlo, le subía una especie de sonrojo hasta las cejas.

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8 comentarios:

Pablo Giordano dijo...

Buen blog, saludos.

panchoflecha dijo...

Gracias, Pablo.
Saludos

Suel dijo...

He llegado aquí, como pasa casi siempre, rebotada desde algún otro blog que ya ni recuerdo. Como dice tu profesor de 3B, apenas he podido leer la entrada del día y las tres anteriores, pero todas t cada una de ellas me han parecido increibles. En cuanto salga de la oficina y deje de jugarme el empleo pienso sentarme a gusto y ponerme a leer, no 3 entredas, sino todas ellas.
Con tu permiso, voy a añadirte a mi lista de links.
Un saludo y mi enhorabuena por tu blog, de verdad, me ha encantado.

panchoflecha dijo...

Gracias,Suel, por la visita y los comentarios. Yo también te añado a mis contactos
Salud.

Jorge Glez. dijo...

La verdad que hasta hoy no creía poder ser asiduo permanente ni temporal de ningún blog, pero lo cierto es que el suyo me ha gustado y, por el momento, está en mi lista de favoritos.
Saludos.

panchoflecha dijo...

Gracias, Jorge por la visita y el comentario

manly dijo...

Yo digo de mi que "siempre me lo creo todo y nunca me creo nada" y de ahí hago la reflexión que ni la mitad de las historias que nos cuentan de los personajes son como eran realmente. Tu texto me da la razón.

panchoflecha dijo...

Gracias, Manly por la visita y el comentario. Tampoco te creas esta versión. Es otra patraña. Pero, la verdad, siempre me he preguntado ¿Qué hacía el hijo de Guzmán, con el Infante, fuera del castillo? ¿Cómo había llegado allí y estaba con un cristiano entre los moros?
Vete a saber