martes, 22 de enero de 2008

Educando a Tarzán (8).

Con permiso de Favelis.

Chita, orgullosa de su oficio, conservaba las recias maneras, actitudes y creencias de los maestros de otros tiempos y hacía suyos los éxitos y fracasos de "sus chicos", de aquellos con los que se sentía unida por el cordón umbilical de la ardua y gozosa labor de la educación en los valores tradicionales que habían mantenido, durante siglos, unida y en orden a la manada.

Pero, entre todos los alumnos que habían pasado por sus manos, sentía una especial predilección por Tarzán, aquel mono deforme y pelón, torpe e indefenso para sobrevivir en este mundo bravío de la Jungla.

Y le dolía en el alma contemplar como Tarzán, por caer bien a la manada y hacerse el gracioso en los ratos del recíproco espulgado, alardeaba y hacía gala de los propios fracasos y torpezas en las tareas cotidianas.

Cuando le pareció que aquello resultaba ya excesivo, llevó a Tarzán a un lugar algo apartado y, maternal, le advirtió, como dolida:

- "Mira, Tarzán, hijo: reconocer en público que eres idiota sólo sirve para que los demás se den cuenta y te traten como tal.
Ya lo sabes".


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2 comentarios:

Folken dijo...

Enhorabuena por tu blog, es de los mas interesante, sigue asi que tienes pinta de ser buena gente, un saludo.

Panchoflecha dijo...

Gracias, Folken, por la visita y el comentario. No es que sea buena gente, es que llevo 60 años disimulando y, como comprenderás, en tanto tiempo, algo se aprende