jueves, 31 de marzo de 2011

Aleluyas de Zapopan

SI EL HIJO TE SALE HIPPY
RÉZALE A SAN MIGUEL
QUE LA COSA DE LA HIERBA
SIEMPRE LA HA LLEVADO ÉL
(Y LA CERVEZA T.AMBIÉN)
Y SI VES QUE NO SE ENMIENDA,
¡PUES A LA UNIVERSIDAD,
AUNQUE SEA DE BEDEL!



Mi hijo Arturo se había vuelto bien hipi y se pasaba fumando mariguana y no trabajaba ni estudiaba.  Yo lo encomendé a la Virgen, pero ella no me escuchó en mis ruegos y fue hasta que le recé a San Miguel Arcángel y él se apiadó  de mi dolor de madre y al poco tiempo mi hijo se inscribió en la Universidad y ya lo veo menos atontado.
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sábado, 26 de marzo de 2011

La noche de las cigüeñas

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Eran tiempos aquellos en los que la categoría de los pueblos venía determinada, más que nada, por el hecho de que hubiera (o que faltara) en la espadaña de la iglesia un nido poderoso de cigüeñas.


Para que puedan hacerse una idea cabal, debería decir que el día en que, en Zotes del Páramo, cayó  el nido de la cigüeña, por su propio peso, una noche de viento, sobre el trinquete de la plaza, además del revuelo que se armó, del espectáculo que supuso ver esparcido aquel montón increíble de palos, de plásticos y trapos (casi dos remolques se llenaron), cayó sobre el pueblo una especie de temor reverencial, como si fuese a ocurrir una desgracia, un extraño sentimiento de orfandad, como si se hubiese derrumbado la torre misma de la iglesia que es, junto con el fuego, la mayor desgracia imaginable en estas tierras.


Ya les digo: un pueblo como Dios manda disfrutaba de aquella especie de reloj estacional de las cigüeñas.  Todos seguían las peripecias vitales de las aves: el día de su llegada; la época en que empollaban  los huevos; cuando hacían aquellos ruidos con el pico (machacar el ajo, lo llamábamos); cuando daban de comer a los polluelos; cuando bajaban hasta el río buscando los gusanos.


Cosas mínimas.  En fin, literatura de costumbres.  El infame costumbrismo del que, siguiendo el canon imperante, parece que debe uno avergonzarse.


Así sería, seguramente, si no hubiera sido por aquellos acontecimientos que modificaron para siempre mi manera de ver las cosas y la realidad entera.


La cosa es que allá arriba en la montaña, al lado de Puente Almuhey, resistían al paso del tiempo los restos monumentales del Palacio-Fortaleza de los Marqueses de Prado.


En medio de una amplísima cuadratura, limitada por un muro que lucía en cada esquina un esbelto torreón, en estado lastimoso (salvo las fachadas barrocas, imponentes) se iba desmoronando lo que había sido y aún quedaba de la casa fuerte y noble de los Prado, señores de mucho mando, que controlaban la Mesta y Merindades.


Con el tiempo, después de tantas glorias del pasado, sus muros servían solamente como apoyo de un gran nido de cigüeñas, que parecían custodiar y cuidar tales recintos.


Pero hubo en estas tierras, hace años, un obispo que unía con orgullo su título eclesiástico con aquel otro más mundano y más pomposo de "Conde de Colle y Señor de las Arrimadas" y que, añorando la gloria y la pompa cortesana de los grandes patriarcas del pasado veneciano, se empeñó en trasladar lo que quedaba del palacio, piedra por piedra, para vestir las fachadas del Hospital Diocesano (o, por decirlo con su nombre, la Obra Hospitalaria Nuestra Señora de Regla) que se estaba construyendo en la capital, a la sombra y cobijo de la Iglesia Catedral.


Podrán comprender sin gran trabajo que lo menos costoso de aquella inmensa empresa faraónica, aprovechando los días del otoño, fue echar abajo el nido ya vacío de cigüeñas.


Se concluyó la obra por aquellos días gloriosos del Congreso Eucarístico (del que ya les he contado la cuestión milagrosa de los pollos) y la casona de los Prado "iterum reedificata" parecía encajar en el entorno como si hubiese sido trazada originalmente para tal emplazamiento.  Algunos dijeron que, incluso, ganaba en señorío y que había sido una bendición rescatarla de su ruina para que pudiera ser admirada en el futuro.


Y, llegado hasta aquí, me resulta imposible recordar cuándo y de qué modo comenzó a pasar lo que luego ocurrió sin saber cómo.


Lo que todo el mundo fue notando, eso sí, es que, año tras año, aumentaba, en las noches de verano, la cantidad de cigüeñas que venían a posarse en los chapiteles y arbotantes de la vecina Catedral y pasar, como al acecho, allí la noche.


Lo atribuían al incremento de comida que encontraban en los nuevos vertederos de basura.  El caso es que, el verano en que ocurrió lo que les cuento, por cientos se contaban.


La voz de alarma surgió la mañana en que desapareció el escudo de piedra que coronaba la entrada principal de la fachada.


Ni rastros de qué podía haber pasado.


Pero no dió tiempo ni siquiera a reaccionar: en las dos noches siguientes, con rapidez vertiginosa, centenares de cigüeñas desmontaron, piedra a piedra, lo que con tanta ilusión había reconstruido el viejo obispo, y las volvieron a montar, con la misma rapidez y maestría, en el medio de los prados, donde siempre habían estado,  en su lugar original de Renedo de Valdetuejar.


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jueves, 24 de marzo de 2011

Aleluyas de Zapopan

SI TE PIERDE EL APOSTAR
SIN PODERLO REMEDIAR,
QUE LA VIRGEN DE ZAPOPÁN
TE ENSEÑE A HACER MAZAPÁN



Ana María González se dio cuenta horrorizada que tenía el vicio de apostar, porque una vez se reunió con sus amigas como todos los jueves para jugar a las cartas y estaba perdiendo todo apostó la casa de su marido y por fortuna ganó esa mano.  Ella da gracias a N.S. de Zapopan y le prometió no jugar más y cuando le da la tentación hace un pastel.  Tanto que ahora tuvo que abrir una pastelería de mucho éxito.


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domingo, 20 de marzo de 2011

El profeta


El profeta, harto de contemplar el espectáculo bochornoso de la infamia, se retiró al desierto como quien quiere escapar del espanto justiciero, de la última y definitiva destrucción a sangre y fuego.


Allí vivió cuarenta años dedicado al ayuno y a la oración, despojado de los lujos, del temor y la pasión.  Curtido su espíritu y su cuerpo con los rigores extremos del desierto y la dieta exclusiva de lagartos y langostas.


Murió, al fin, en el desierto y vió cumplida en propia carne la antigua profecía de la definitiva y postrera destrucción universal.


Aunque sólo en él se cumplió la profecía.


Él, efectivamente, pereció; pero los protagonistas y causantes del espectáculo bochornoso de la infamia, que (dicho sea de paso) enterraron con respeto y con alivio los restos del profeta, siguieron tan campantes con sus cosas, engordando (como suele ser frecuente) con las muertes y desgracias (provocadas) del vecino.


De cualquier modo, resultaba piadoso que el Viejo Habitante de los cielos le hubiera evitado al profeta la conciencia, postrera y dolorida, de pensar que se había equivocado.


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miércoles, 16 de marzo de 2011

Aleluyas de Zapopan

SI CULTIVAS PLANTAS RARAS
NO TE EXTRAÑEN LAS SORPRESAS
PORQUE O SE COMEN  LAS GATAS
O PUEDEN LLEVARTE PRESA



En las macetas de mi patio empezaron a crecer unas plantas muy extrañas y, como me parecieron muy exóticas, las dejé y hasta les puse abono.  Doy gracias a la Virgen del Rosario porque me dí cuenta de que comían animales y las arranqué a tiempo antes de que se comieran a mis gatos y, quién sabe, después a mí.



sábado, 12 de marzo de 2011

El vinatero de Avilés


Imagen  ( de Casa Benito, por supuesto)  tomada de
 http://www.flickr.com/photos/wonderfulhorriblelife/505735420/


Venía puntualmente por diciembre como un rito, llenó de historias y de vino, parlanchín y vividor, a contratar el vino nuevo en las bodegas, a aliviar con "La Gallega" los ardores del cuerpo en El Barranco y a rematar, más que nada, el último tino de escabeche de "El Benito".  
Eran cuatro o cinco días en que Pepín se libraba del orvallo y de aquel cielo gris y espeso de humos y sirenas de Avilés y la Fani se libraba de Pepín, de aquellas largas noches de vino y de ronquidos, del "peor trabajo del día", como solía decir cuando subía a la alcoba cada noche, o de aquellas siestas del domingo cuando Pepín llamaba a gritos desde arriba y la Fani bajaba al poco rato, ajustándose el mandil:
-¿Abrasome, fiu, abrasome!
Pero esta vez habían pasado seis semanas desde que Pepín salió de casa.
Nunca había estado fuera tanto tiempo y la Fani empezaba a preocuparse porque este hombre no se cuida y ya le dijo el médico que la tensión y el vino podrían darle un susto, cualquier día.
Así se lo dijo por teléfono a Julián, el encargado de "Bodegas Valdevimbre", cuando llamó para preguntar si Pepín había pasado por allí.
- ¿No te preocupes, Fani, mujer, que se habrá entretenido por ahí, ya sabes cómo es!.
A la mañana siguiente, al mediodía, le vieron venir, enrojecido y satisfecho, como andando de perfil, como si aquella acera de la Calle de la Torre fuera demasiado estrecha para él.
-Anda, llama a la Fani, que la tienes contenta, ya verás.
Recompuso, como pudo, la figura y le dijo solemne a la parienta:
- Que no me esperes, Fani, que no me esperes: que he perdido el tren de ayer, de hoy y de mañana.
Fue aquel, según dijeron, un año extraordinario, con un vino fresco y afrutado, como pocos.
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jueves, 10 de marzo de 2011

Aleluyas de Zapopan

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SI SACAR DIENTES TE DA GRIMA
PRUEBA SUERTE EN LA COCINA


Como mi esposo era dentista, mi hijo estudió también para dentista, pero odiaba tener que estar viendo bocas abiertas todo el día y se sentía muy desdichado. Hasta que descubrió que su verdadera vocación era de cocinero y ahora se dedica a hacer deliciosa y hermosa repostería y abrió una pastelería que tiene gran éxito y doy gracias porque es feliz haciendo esos pasteles tan apetitosos.

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lunes, 7 de marzo de 2011

El largo y caprichoso camino hacia la gloria

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Cuando se ha llegado a la cumbre, cuesta trabajo acordarse de las dificultades y penurias sufridas hasta ese momento de las mieles.

Sin embargo, no había sido fácil el camino hacia la fama. Cuando aún era un principiante, había escrito tres poemarios (en versos alejandrinos), dos novelas y algunos cuadernos con relatos que, ahora mismo, no sabe dónde habrán ido a parar.

Había presentado originales, bajo plica (y sin éxito ninguno), a todos los premios y concursos convocados por cofradías, ayuntamientos y casas regionales.

Y nada. El guardián de las puertas de la gloria resultó siempre sordo a sus llamadas.

Pero todo cambió por fortuna y de repente a partir de aquella fecha en que comenzaron a desaparecer, como por arte de magia, las líneas anteriores de sus textos según iba escribiendo.

Y la cosa fue en aumento.

Aquella misteriosa ola borradora, a veces, casi le alcanzaba y se veía obligado a escribir cada vez más deprisa por mantener, al menos, la última palabra.

Cuando, no sin cierto reparo, mandó a la imprenta aquel libro con 325 páginas en blanco, le costó trabajo comprender el repentino éxito de ventas y la obtención (casi por aclamación) del Premio Nacional de la Crítica.

Hoy, tras más de 50 obras rigurosamente en blanco, está a punto de convertirse en inmortal, ocupando en la Academia el sillón jota minúscula, vacante desde hace siete años.