domingo, 23 de octubre de 2011

Educando a Tarzán (13)

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Educando a Tarzán (13)


Quién lo iba a decir. La selva, es bien sabido, siempre había sido un lugar deliciosamente animal y bien estructurado, sometido únicamente a la ley inexorable, original e indiscutible del instinto primitivo.


Los papeles estaban perfectamente diseñados y no cabían discusiones: el león se comía tranquilamente a las gacelas sin ningún remordimiento, la mantis religiosa se zampaba al compañero de jolgorio, después del refocile, del modo en que los humanos, después de consumado el ejercicio, se fuman un cigarro.


Y así sucesivamente. Los ejemplos podrían ser infinitos.


Pero después vinieron misioneros y políticos y la cosa se fue amariconando. Y se hizo popular la odiosa frase "todas las opiniones son igualmente rfespetables".


Cuando Chita escuchaba la sentencia se le subía la sangre a la cabeza y advertía a Tarzán, para que no cayera, también él, en el engaño:


-"Mira, Tarzán, hijo: lo que debe respetarse es el derecho a opinar, pero jamás por igual el resultado. Hay opiniones, como esa que defiende la sentencia, que resultan ingenuas o mal intencionadas. Otras veces, son tan asquerosas e insufribles que deberían ser atacadas con furor y rabia".

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3 comentarios:

Luis Ángel Díez Lazo dijo...

Me reconforta ver esta idea reflejada en tu espejo.
Se necesita ser tremendamente intolerante ante las cosas intolerables.
Salud.

Fernando dijo...

Los humanos tienden (tendemos) a creer que la complicación es la forma sencilla de solucionar las cosas.
Quiza lo sencillo nos resulta demasiado facil y no demuestra nuestra capacidad para complicarnos.

Antonio Toribios dijo...

Me parece muy interesante ese Tarzán en proceso de civilizarse, y sobre todo esa Chita sabia. Saludos.