miércoles, 25 de mayo de 2011

25 M








INDIGNACIÓN PARA DESPUÉS DE CUALQUIER CAMPAÑA

Reproduzco aquí, sin permiso de nadie, el prólogo de José Luis Sampedro al libro de  Hessel.



Yo tam­bi­én na­cí en 1917. Yo tam­bi­én es­toy in­dig­na­do. Tam­bi­én vi­ví una gu­er­ra. Tam­bi­én so­por­té una dic­ta­du­ra. Al igu­al que a Stép­ha­ne Hes­sel, me es­can­da­li­za e in­dig­na la si­tu­aci­ón de Pa­les­ti­na y la bár­ba­ra in­va­si­ón de Irak. Pod­ría apor­tar más de­tal­les, pe­ro la edad y la épo­ca bas­tan pa­ra mos­t­rar que nu­es­t­ras vi­ven­ci­as han su­ce­di­do en el mis­mo mun­do. Hab­la­mos en la mis­ma on­da. Com­par­to sus ide­as y me ha­ce fe­liz po­der pre­sen­tar en Es­pa­ña el lla­ma­mi­en­to de es­te bril­lan­te hé­roe de la Re­sis­ten­cia fran­ce­sa, pos­te­ri­or­men­te dip­lo­má­ti­co en ac­ti­vo en muc­has mi­si­ones de in­te­rés, si­em­p­re a fa­vor de la paz y la jus­ti­cia.

    ¡INDIGNAOS! Un gri­to, un to­que de cla­rín que in­ter­rum­pe el trá­fi­co cal­le­j­ero y ob­li­ga a le­van­tar la vis­ta a los re­uni­dos en la pla­za. Co­mo la si­re­na que anun­ci­aba la cer­ca­nía de aqu­el­los bom­bar­de­ros: una aler­ta pa­ra no ba­j­ar la gu­ar­dia.
    Al prin­ci­pio sor­p­ren­de. ¿Qué pa­sa? ¿De qué nos aler­tan? El mun­do gi­ra co­mo ca­da día. Vi­vi­mos en de­moc­ra­cia, en el es­ta­do de bi­enes­tar de nu­es­t­ra ma­ra­vil­lo­sa ci­vi­li­za­ci­ón oc­ci­den­tal. Aquí no hay gu­er­ra, no hay ocu­pa­ci­ón. Es­to es Euro­pa, cu­na de cul­tu­ras. Sí, ése es el es­ce­na­rio y su de­co­ra­do. Pe­ro ¿de ver­dad es­ta­mos en una de­moc­ra­cia? ¿De ver­dad ba­jo ese nom­b­re go­bi­er­nan los pu­eb­los de muc­hos pa­íses? ¿O ha­ce ti­em­po que se ha evo­lu­ci­ona­do de ot­ro mo­do?
    Actualmente en Euro­pa y fu­era de el­la, los fi­nan­ci­eros, cul­pab­les in­dis­cu­tib­les de la cri­sis, han sal­va­do ya el bac­he y pro­si­gu­en su vi­da co­mo si­em­p­re sin gran­des pér­di­das. En cam­bio, sus víc­ti­mas no han re­cu­pe­ra­do el tra­ba­jo ni su ni­vel de in­g­re­sos. El autor de es­te lib­ro re­cu­er­da có­mo los pri­me­ros prog­ra­mas eco­nó­mi­cos de Fran­cia des­pu­és de la se­gun­da gu­er­ra mun­di­al in­c­lu­í­an la na­ci­ona­li­za­ci­ón de la ban­ca, aun­que des­pu­és, en épo­cas de bo­nan­za, se fue rec­ti­fi­can­do. En cam­bio aho­ra, la cul­pa­bi­li­dad del sec­tor fi­nan­ci­ero en es­ta gran cri­sis no só­lo no ha con­du­ci­do a el­lo; ni si­qu­i­era se ha plan­te­ado la sup­re­si­ón de me­ca­nis­mos y ope­ra­ci­ones de al­to ri­es­go. No se eli­mi­nan los pa­ra­ísos fis­ca­les ni se aco­me­ten re­for­mas im­por­tan­tes del sis­te­ma. Los fi­nan­ci­eros ape­nas han so­por­ta­do las con­se­cu­en­ci­as de sus de­sa­fu­eros. Es de­cir, el di­ne­ro y sus du­eños ti­enen más po­der que los go­bi­er­nos. Co­mo di­ce Hes­sel, "el po­der del di­ne­ro nun­ca ha­bía si­do tan gran­de, in­so­len­te, ego­ís­ta con to­dos, des­de sus pro­pi­os si­er­vos has­ta las más al­tas es­fe­ras del Es­ta­do. Los ban­cos, pri­va­ti­za­dos, se pre­ocu­pan en pri­mer lu­gar de sus di­vi­den­dos, y de los al­tí­si­mos su­el­dos de sus di­ri­gen­tes, pe­ro no del in­te­rés ge­ne­ral"
    ¡INDIGNAOS!, les di­ce Hes­sel a los jóve­nes, por­que de la in­dig­na­ci­ón na­ce la vo­lun­tad de com­p­ro­mi­so con la his­to­ria. De la in­dig­na­ci­ón na­ció la Re­sis­ten­cia con­t­ra el na­zis­mo y de la in­dig­na­ci­ón ti­ene que sa­lir hoy la re­sis­ten­cia con­t­ra la dic­ta­du­ra de los mer­ca­dos. De­be­mos re­sis­tir­nos a que la car­re­ra por el di­ne­ro do­mi­ne nu­es­t­ras vi­das. Hes­sel re­co­no­ce que pa­ra un joven de su épo­ca in­dig­nar­se y re­sis­tir­se fue más cla­ro, aun­que no más fá­cil, por­que la in­va­si­ón del pa­ís por tro­pas fas­cis­tas es más evi­den­te que la dic­ta­du­ra del en­t­ra­ma­do fi­nan­ci­ero in­ter­na­ci­onal. El na­zis­mo fue ven­ci­do por la in­dig­na­ci­ón de muc­hos, pe­ro el pe­lig­ro to­ta­li­ta­rio en sus múl­tip­les va­ri­an­tes no ha de­sa­pa­re­ci­do. Ni en as­pec­tos tan bur­dos co­mo los cam­pos de con­cen­t­ra­ci­ón (Gu­an­tá­na­mo, Abu Gha­ra­ib), mu­ros, val­las, ata­qu­es pre­ven­ti­vos y "luc­ha con­t­ra el ter­ro­ris­mo" en lu­ga­res ge­o­es­t­ra­té­gi­cos, ni en ot­ros muc­ho más so­fis­ti­ca­dos y tec­ni­fi­ca­dos co­mo la mal lla­ma­da glo­ba­li­za­ci­ón fi­nan­ci­era.
    ¡INDIGNAOS!, re­pi­te Hes­sel a los jóve­nes. Les re­cu­er­da los log­ros de la se­gun­da mi­tad del sig­lo XX en el ter­re­no de los de­rec­hos hu­ma­nos, la im­p­lan­ta­ci­ón de la Se­gu­ri­dad So­ci­al, los avan­ces del es­ta­do de bi­enes­tar, al ti­em­po que les se­ña­la los ac­tu­ales ret­ro­ce­sos. Los bru­ta­les aten­ta­dos del 11-S en Nu­eva York y las de­sas­t­ro­sas ac­ci­ones em­p­ren­di­das por Es­ta­dos Uni­dos co­mo res­pu­es­ta a los mis­mos, es­tán mar­can­do el ca­mi­no in­ver­so. Un ca­mi­no que en la pri­me­ra dé­ca­da de es­te sig­lo XXI se es­tá re­cor­ri­en­do a una ve­lo­ci­dad alar­man­te. De ahí la aler­ta de Hes­sel a los jóve­nes. Con su gri­to les es­tá di­ci­en­do: "Chi­cos, cu­ida­do, he­mos luc­ha­do por con­se­gu­ir lo que te­né­is, aho­ra os to­ca a vo­sot­ros de­fen­der­lo, man­te­ner­lo y me­j­orar­lo; no per­mi­tá­is que os lo ar­re­ba­ten".
    ¡INDIGNAOS! Luc­had, pa­ra sal­var los log­ros de­moc­rá­ti­cos ba­sa­dos en va­lo­res éti­cos, de jus­ti­cia y li­ber­tad pro­me­ti­dos tras la do­lo­ro­sa lec­ci­ón de la se­gun­da gu­er­ra mun­di­al. Pa­ra dis­tin­gu­ir en­t­re opi­ni­ón púb­li­ca y opi­ni­ón me­di­áti­ca, pa­ra no su­cum­bir al en­ga­ño pro­pa­gan­dís­ti­co. "Los me­di­os de co­mu­ni­ca­ci­ón es­tán en ma­nos de la gen­te pu­di­en­te", se­ña­la Hes­sel. Y yo aña­do: ¿qu­i­én es la gen­te pu­di­en­te? Los que se han apo­de­ra­do de lo que es de to­dos. Y co­mo es de to­dos, es nu­es­t­ro de­rec­ho y nu­es­t­ro de­ber re­cu­pe­rar­lo al ser­vi­cio de nu­es­t­ra li­ber­tad.
    No si­em­p­re es fá­cil sa­ber qu­i­én man­da en re­ali­dad, ni có­mo de­fen­der­nos del at­ro­pel­lo. Aho­ra no se tra­ta de em­pu­ñar las ar­mas con­t­ra el in­va­sor ni de ha­cer des­car­ri­lar un tren. El ter­ro­ris­mo no es la vía ade­cu­ada con­t­ra el to­ta­li­ta­ris­mo ac­tu­al, más so­fis­ti­ca­do que el de los bom­bar­de­ros na­zis. Hoy se tra­ta de no su­cum­bir ba­jo el hu­ra­cán des­t­ruc­tor del "si­em­p­re más", del con­su­mis­mo vo­raz y de la dis­t­rac­ci­ón me­di­áti­ca mi­en­t­ras nos ap­li­can los re­cor­tes.
    ¡INDIGNAOS!, sin vi­olen­cia. Hes­sel nos in­ci­ta a la in­sur­rec­ci­ón pa­cí­fi­ca evo­can­do fi­gu­ras co­mo Man­de­la o Mar­tin Lut­her Kin­go. Yo aña­di­ría el ej­em­p­lo de Gan­d­hi, ase­si­na­do pre­ci­sa­men­te en 1948, año de la Dec­la­ra­ci­ón Uni­ver­sal de los De­rec­hos Hu­ma­nos, de cu­ya re­dac­ci­ón fue par­tí­ci­pe el pro­pio Hes­sel. Co­mo can­ta­ra Ra­imon con­t­ra la dic­ta­du­ra: Di­ga­mos NO. Ne­ga­os. Ac­tu­ad. Pa­ra em­pe­zar, ¡INDIG­NA­OS!
                                                                                                                 
José Luis Sampedro 

8 comentarios:

Luis Ángel Díez Lazo dijo...

La indignación nos servirá el día que superemos el miedo. El miedo a perder un empleo que poco reporta, el miedo a perder lo poco que nos va quedando en lo material, el miedo de legar a nuestros hijos un futuro como el aún encendido pasado.
Creo que indignados hace tiempo que estamos, pero el miedo y la falta de armas pacíficas, nos tienen rendidos.

Francisco Flecha dijo...

Amigo Luis Ángel: El futuro está las manos de los que no tienen nada que perder y si, además, tampoco quieren ganar la mierda con la que queremos engañarlos, el resultado puede ser definitivo.
Salud

Luis Ángel Díez Lazo dijo...

Eso está claro, pero para eso hemos de esperar a haberlo perdido todo demasiada gente.
Además los que van bien montados en la burra, para defender sus privilegios, son capaces de quitar a los desposeídos lo último que les quede: la vida.

Francisco Flecha dijo...

Amigo Luis Ángel: Me alegra mucho que estos comentarios nos den ocasión a este debate anónimo y callejero, como si también estuviéramos acampados (o "empadronaos", como dice Alberto). Hay ya mucha gente que lo ha perdido todo (hasta la conciencia de que la enorme fuerza que pueden tener, unidos y sin que nadie capitalice su fuerza, todos estos "desposeidos).

Pero si todavía se puede esperar algo, la única esperanza está en la acción política (y moral) de una gente que no aspire a una vuelta a la tortilla, sino a otra tortilla.

Poco se puede esperar de aquellos que han hecho de la política un modo de vida (muy rentable, por cierto) y que son capaces de convertir en esloganes a su favor hasta aquello con lo que se pretende atacarlos hasta de las lanzas son capaces de hacer andamios para sostener su propio chiringuito.
¡ojalá siga el debate, la reflexión, la indignación o lo que sea!

Salud, compañero.

Luis Ángel Díez Lazo dijo...

Yo estoy de acuerdo contigo en que necesitamos otra tortilla, pero la vida me ha ido haciendo un poco escéptico y al menos a mi alrededor solo he visto perder batallas.
De todas formas me encanta ver a los jóvenes pelear, yo tengo una hija y no me gusta nada el mundo que la espera.

Francisco Flecha dijo...

El obispo Castellanos suele decir que las utopías son como la línea del horizonte: su función principal no es que podamos alcanzarla alguna vez, sino su papel imprescindible de orientarnos en el camino.

De tanto mirar la punta de los zapatos y el recorrido que hacen los adversarios hemos perdido todos la orientación.

Nada más útil y urgente que volver a la utopía.

Minipunk dijo...

Gran aporte.

Francisco Flecha dijo...

Gracias, Minipunk, por la visita y el comentario.
Saludos