jueves, 30 de diciembre de 2010

Aleluyas de Zapopan



SI LE DAS AGUA BENDITA
HASTA EL CERDO RESUCITA



Una rara enfermedad estaba matando a todos los puercos de la región.  Gracias a que a los nuestros les dimos de beber agua bendita se salvaron y están muy sanos.  Ofrecemos este retablo a la Santísima Virgen de Zapopan.  Familia Medina Rodríguez.

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domingo, 26 de diciembre de 2010

Olvídate de Itaca

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Cuando Ulises, “el errante”, volvió, Itaca ya no era como entonces. El camino hasta su casa ya ni siquiera conservaba las hileras de magnolios que le daban aquella sombra profunda y perfumada.
Nadie esperaba su llegada. La casa estaba cerrada, al parecer, desde hacía casi un año. Silbó llamando al perro y fue inútil: nadie vino a lamerle las sandalias. Preguntó a los vecinos y allí se enteró de todo, a bocajarro: que Penélope se había ido a vivir, una semana después de su partida, con un joven fornido y pelirrojo, campeón del tiro al blanco en la última Olimpiada y que había puesto una tienda de tejidos en la Plaza del Mercado.
Ya sé que habrán oído que la historia acabó de otra manera. No se fíen. A los griegos les gustaba el “happy end” incluso en las tragedias.

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Aleluyas de Zapopan


SI TUS GATOS SON MUY FLOJOS
TENDRÁS QUE BUSCARTE OTROS



Mi recámara se llenó de ratas que salían todas las noches y yo tenía miedo de levantarme al baño y que algún animal se me subiera a la cama y como mis gatos son muy flojos sólo se quedaban dormidos y no las cazaban.  Gracias a mis ruegos  N.S. de Zapopan se me ocurrió pedirle al gato a la vecina que acabó con todas las ratas en una noche.  Ahora mis gatos se sienten avergonzados y hasta patrullan de vez en cuando y ya no tengo más ratas.


sábado, 18 de diciembre de 2010

Cosa de sueños... seguramente

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Con permiso de Favelis.



Ya sé que, después de Calderón, cualquier recurso al sueño en la cosa ésta del narrar es considerado como un artificio pueril e inapropiado.

Pero ¿qué le voy a hacer si es verdad que lo soñé?.  Pues sí, puedo jurar que la otra noche soñé que la calle estaba llena de trajes y zapatos caminando sin que nadie los vistiera.  Pasaba a mi lado, casi rozándome, una gabardina con bufanda de la que sobresalía, por abajo, un pantalón de cheviot y unos zapatos casi nuevos y que hacía señales de saludo, con la manga, a otro bulto de ropa que pasaba y que no era nada más que unos zapatos de tacón con medias negras, una falda tableada de Burberrys y un sueter color beige que caminaban con prisa, llevando a su costado un chandal azul y rojo con zapatillas deportivas y que arrastraba un carrito con mochila incorporada.

Yo mismo, no era más que un traje gris marengo con chaleco, una camisa azul con rayas blancas y los zapatos negros con cordones que estrené para la boda.

Y por esta lógica inexplicable de los sueños, me pareció que había llegado, por fin, la ocasión que siempre había estado esperando desde niño de convertirme en invisible.  Me quedé como Dios me trajo al mundo y, efectivamente, sólo quedó de mí un montón de ropa arrebujado, allí en el suelo.

Era, por fin, el dueño absoluto de mi cuerpo.  Corrí, grité, salté, dí vueltas por el suelo con el alegre frenesí de estar estrenando un mundo nuevo.

Pero enseguida todo aquello explotó como una burbuja de jabón.  No es que fuera invisible.  Es que no no había nadie que mirara.  Aquel mundo de ropa, de trajes, de vestidos era un mundo sin miradas.

Y entonces me dí cuenta: no puedes ser invisible si no hay nadie que mire el vacío en que te encuentras rodeado por las cosas.  Si todo es vacío, resulta que no eres invisible.  No eres nadie.

Desperté con la angustia de quien quiere reencontrarse después de una agobiante pesadilla, pero encontré que mi cama y mi pijama estaban ocupados por otro cuerpo que no era el mío y al que yo no conocía.


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jueves, 16 de diciembre de 2010

Aleluyas de Zapopan



SI HACES PELLAS POR EL CINE
PUDIERA SER QUE ALUCINES




Mis hijos se fueron sin permiso al cine a ver una película de monstruos y momias y al salir del cine estaban terriblemente asustados y sucedió que cuando pasaban por un callejón oscuro vieron unas sombras y ellos juran que era una momia siniestra que les gruñó, pero mi hijo Samuel sacó su medalla de la Virgen de Zapopan y entonces la momia se asustó y ellos pudieron salir corriendo hasta la casa sin que el engendro los persiguiera.  Doy gracias a Nuestra Señora por proteger a mis hijos.  Ana María López de Pérez.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El mar de la caracola







Cuando se tienen trece años sueña uno con mundos lejanos, con tórridas e inconcretas aventuras sin más argumento que el Sol, una playa silenciosa, tal vez, y la mano de ella rozando la nuestra como sin casi darse cuenta.
Así era también en este caso. Hace de ello ya tanto tiempo que apenas lo recuerda. Tan sólo queda la nostalgia de aquellas tardes de otoño en la galería de la casa del abuelo, cuando escapaba del mundo circundante entrando, como por una puerta mágica, en el mundo salino y misterioso que encerraba la caracola que había traído la abuela, como recuerdo, de un verano de soltera, hace ya tiempo, en Santander.
Allí estaba encerrado en el prodigio de la concha todo el mar con el flujo sempiterno de las olas y, si escuchabas con esmero, también un graznido lejano de gaviotas y el cantar melodioso de una niña ¿tal vez una sirena?.
Se enamoró de aquel mar, de las gaviotas, de aquella muchacha que cantaba canciones tan dulces y tan tiernas como esa feroz melancolía que le subía en el pecho, hasta el ahogo, algunas tardes de domingo.

Se juraba entonces que, de grande, viviría para siempre en un pueblo junto al mar.

Toda una vida ha pasado desde aquello. Por razones ocultas del destino, como dando cumplimiento al antiguo juramento, vive hoy, aferrado como un superviviente a los recuerdos, en este pueblo pesquero junto al mar.
Como una barca varada en la playa del Poniente, de las cosas y personas queridas de otros tiempos, sólo conserva, como único resto del naufragio, la vieja caracola del abuelo.
En las tardes de lluvia y de morriña le gusta, como entonces, escuchar la caracola que le trae (ya ves, ahora) los sonidos de la casa de la infancia: sonidos de campos de trigo y palomares, el nervioso piar de los vencejos, la campana de la iglesia y aquellos boleros con los que la abuela parecía querer recordar viejos sueños de amor, imaginados al escuchar en la caracola, cuando joven, la lejana y seductora canción de un marinero.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

Aleluyas de Zapopan



EL DIABLO CON SU TRIDENTE
DA JAQUECAS A LA GENTE




El diablo me pinchaba la cabeza con su tridente y me provocaba terribles dolores de cabeza que no me permitían hacer nada más que quedarme quieta en la penumbra sufriendo.  Le recé a San Pedro Mártir que debe haber sufrido también de lo mismo y el santo se apiadó de mí y los dolores disminuyeron hasta desaparecer y ya nunca me duele la cabeza.  Doy gracias infinitas.

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domingo, 5 de diciembre de 2010

La dieta


Cae la tarde en un otoño lento y frutal en Paraiso.

Eva tiene un antojo irresistible

Pero resiste, como siempre, porque sabe que las manzanas le sientan como un tiro.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

Aleluyas de Zapopan

AUNQUE PAREZCA CHUFLA
EN MARTE NO HAY PANTUFLAS


Unos marcianos aterrizaron una noche en mi granja y se metieron a mi cuarto por la ventana.  Doy gracias a N.S. de Zapopan porque no me llevaron con ellos ni tampoco al perro que ni se despertó.  Tan sólo se llevaron una de mis pantuflas.

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