domingo, 14 de noviembre de 2010

Mundo jurásico

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Los dinosaurios pidieron permiso a Noé para abandonar el arca en mitad de la tormenta. No les importó que se les avisara de que, de hacerlo, deberían olvidar cualquier posibilidad de seguir vivos cuando llegara la calma.

Todo fue inútil. Les resultaba insufrible todo aquello. No era el hacinamiento, ni el olor asqueroso de los tigres y mofetas, ni la monótona dieta de la alfalfa.

Lo que no estaban dispuestos a aguantar, ni un minuto más, es que todo el mundo les tratara como quien pretende hacerse entender por auténticas antiguallas de una época antediluviana.



9 comentarios:

Irma dijo...

¡¡Muy ingenioso!!

Un abrazo utópico, Irma.-

Alberto Flecha dijo...

De todos los cuentos que andan circulando por ahí (que si meteoritos, calentamientos...) este es el que más me gusta. Creo, Paco, que deberías presentarlo en un congreso. Muy bueno.
Un abrazo.

Francisco Flecha dijo...

Amigo Alberto: exageras, sin duda; pero cuando las exageraciones son afectuosas se agradecen de verdad.
En cuanto a lo de los congresos me desengañé ya de muy joven: cuando iba a los congresos de "filósofos jóvenes" (con la intención no declarada, pero urgente de ligar) me convencí de que aunque te arrimaras a los grandes (Savater, Trias, Rubert de Ventós...) y aunque pagaras las cañas, al final los que terminaban ligando eran ellos.
Así que ya te digo.
Un abrazo

Francisco Flecha dijo...

Gracias Irma por la visita y el comentario
Un abrazo

Alberto Flecha dijo...

Hablaba, Paco, de congresos de dinosaurios, pero de los que se extinguieron. En cualquier caso y ahora que lo dices, no estaría mal que hicieras otro cuento, esta vez hacia futuro, de como los otros dinosaurios también suelen suicidarse tirándose de todas las arcas que, de vez en cuando, hay que hacer para salvarse.
Saludos

Francisco Flecha dijo...

Los dinosaurios, amigo Alberto, como sabes, son bichos enormemente resistentes: nunca se extinguen o se suicidan del todo.
Ya ves el susto que se pegó aquel cuando, al despertar, vio que el dinosaurio aún estaba allí.
Saludos

Manuel dijo...

Genial. Me imagino todo y me parto de risa.

Julio dijo...

Me he reído a rabiar. Original entrada, Francisco.

Francisco Flecha dijo...

Gracias, Manuel y Julio. Sólo con provocar una sonrisa creo haber cumplido el objetivo. Si, a mayores, alguien se parte de risa, creo que hasta debo hacer una donación o poner un retablillo a la Virgen de Zapopán.
Saludos