sábado, 2 de octubre de 2010

Heridas del desamor

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Bien claro lo dice la sabiduría popular: "el tiempo es la mejor medicina para curar las heridas". Y es cierto. Después de cinco años, aquella herida que le produjo la ruptura estaba ya total y definitivamente cicatrizada. Sólo quedaba un pequeño resquemor al recordar los reproches que le dejó escritos en el papel de despedida que se encontró al llegar a casa en el mueble de la entrada:

" Que ahí te quedas, que estoy harta. Harta de hacerte de criada. Harta de haber gastado mis años de mujer en tan insignificante compañía. ¡Perdedor!, que eso has sido siempre: un perdedor. Mientras tus amigos progresaban tú me has tenido condenada a vestirme en mercadillos y en la ropa de los chinos, a vivir en esta cuadra, a viajar en tu asqueroso R-12 y a tu absoluta incompetencia en la cama. Ahora que me voy, que lo sepas, que el único que me ha hecho gozar como Dios manda ha sido Macario, ese inútil (según tú) al que tantas bromas le gastabas"

Pues bien, todo aquello ya apenas le importaba. Pero lo que no podía soportar, después de tanto tiempo, era ver a Macario en aquel R-12 de su alma, tan ufano.

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4 comentarios:

Alberto Flecha dijo...

Y como todavía estuviera pagando la letra, ni te cuento. Que está el tema como para casarse, vamos.
Un saludo, Paco.

Manuel dijo...

Le dejo sin na. Madre como está el mundo. Da miedo enamorarse y que te dejen, pero mas miedo da ser Macario en R-12.

Francisco Flecha dijo...

Amigos, es que un r-12 son palabras mayores. Todo lo demás siempre le pareció reemplazable.
Saludos

carlos de la parra dijo...

Toíto te lo perdono, menos faltarle a mi coche.