miércoles, 23 de abril de 2008

Los purísimos.

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Higinio Villalón, nacido y criado en el Barrio San Estebán, se dió cuenta una mañana, de repente, de que había entrado irremediablemente en la edad del reuma y los achaques al percatarse, no tanto, de que había cumplido diez trienios de trabajo servil y rutinario en el servicio de Correos, como de que su pensamiento y todas sus conversaciones estaban más apegadas a los vagos recuerdos del pasado que a cualquier plan o iniciativa de futuro.

- Pues ya te digo, sobrino, ya te digo: en aquel internado, reino sempiterno del frío y del silencio, que el obispo colocó, desafiando el azote de los vientos, en la cuesta "La Colorada", más allá de los "altos de la nevera", Cantamilanos y las últimas tejeras de los alrededores del barrio de Corea, en aquel barco fantasma, que navegaba en invierno por los mares de la bruma y las heladas, todo se aprendía de memoria, como una larga letanía.

A veces, hasta en verso:
Los en "us" de la tercera
siempre neutros los verás,
pero serán femeninos
los que cual "fraudis", "salutis"
Hacen en "udis" o en "utis"
sus genitivos latinos.
Y, de este modo, cualquiera que fuese la materia. Lo mismo la Historia, la Geografía o las Ciencias Naturales. En algunas, especiales, había algo que en el instituto llamaban "los problemas".

¿Cuántos grados Reamur son 75 grados Farenheit?

Por ello, resultó una auténtica revolución la llegada de Don Teodoro que, además de haber estudiado con los jesuitas de Comillas, tenía una Historia que, a veces, leía embelesado: "La ciencia y sus progresos". Tres tomos encuadernados en tela, con guardas de cartulina brillante y de colores y editados por una firma importante en Barcelona.

Venía avalado por todos estos méritos y saberes a explicar Física y Química. Y no paró hasta conseguir que le compraran lo que él consideraba de todo punto imprescindible: el recién aparecido "Laboratorio Portátil de Material Escolar Torres Quevedo". Un armario de un metal gris de oficina que abrió para pasmo de los chicos situados en círculo y a una distancia prudencial y reverente, como quien abre el sagrario en un acto de profundo ritual.

Y allí, ordenados puntualmente, podían verse mecheros, potenciómetros, pinzas, probeta, pipetas y matraces y 64 frasquitos con polvos de colores y líquidos extraños, perfectamente etiquetados:

Sulfato de no-sé-qué. Purísimo.
Ácido de no-se-cuántos. Purísimo.
Fue señalando cada cosa con un fervor reverencial, con ademanes medidos y en voz baja, como si estuviera profanando, en favor nuestro, la última tumba del Valle de los Muertos.

Cerró después, con gran cuidado el armarito. Lo colocó en un rincón y dejó escrito en un papel con letra bastardilla:

"No me toquéis los purísimos".
Y, ya te digo, sobrino: jamás volvimos a ver su contenido.

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4 comentarios:

Mar dijo...

¡Hiciste que recordara un regalo que jamás usé: un juego de química que venía con sus botellitas de "sulfatos y no sé que mas" y un mechero y tubos de ensayo! Y yo también le insistí a mi mamá porque era imprescindible que tuviera ese minilaboratorio. Saludos.

panchoflecha dijo...

Mar, si vas a ver, todos hemos tenido algo que ver con "los purísimos".
Saludos

Jorge Glez. dijo...

Jeje, la sonrisa que me sacas con algunos de tus cuentos vale más que mil palabras... Muy bueno.
Enhorabuena una vez más Francisco.

panchoflecha dijo...

Muchas gracias, amigo Jorge, por la visita y el comentario.
Saludos