domingo, 13 de abril de 2008

Evaristo y el mar

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boomp3.com


Evaristo murió una mañana de marzo sin haber visto el mar. Al menos, eso decía la gente del barrio al verle pasar cada día (la boina calada, la chaqueta de pana, el colegial y el paraguas terciado a la espalda), camino de Carbajal.

Eran ya quince años los que Evaristo había gastado oteando el mar de centenos y barbechos de las Eras de Renueva, apostado en Cantamilanos, vigilando, por si acaso volvían algún día.

- Pero ¿quién quieres que venga, Evaristo, hombre?
- Pues ellos, coño, Lucio, los de entonces, no seas bobo.

Algunos decían que había empezado con eso cuando vino de hacer el Servicio en Zamora; otros, que eran cosas de amores; y algún otro, que era el miedo pegado a las tripas de cuando la guerra.

Pero eran ya quince años, cumplidos como un rito cotidiano, con sol o con nieve. oteando los mares de trigo de la vega del Bernesga, cobijado, los días de viento, a la abrigada de las tapias del polvorín, contemplando impasible la tranquila deriva del viejo vapor renqueante que parecía la fábrica de botellas en su eterno viaje hacia Asturias.

Las lecheras, si acaso le encontraban al paso, le decían, aguantando las risas:

- ¡Vigila, Evaristo, vigila, que vienen dos barcos de arriba!

Y Evaristo callaba y miraba, clavados los ojos en un punto lejano, como viendo crecer las paleras de la vieja Granja-Escuela de Don Nicóstrato Vela.

Y por la tarde, al sol puesto, volvía Evaristo despacio, cansados los ojos de tanto mirar y entraba a sentarse un momento al fielato, con Lucio.

Y Lucio sacaba del cesto el pan, el chorizo, el queso y aquella botella de vino con la paja en el corcho. Comían despacio, en silencio. Y Evaristo, al calor de la estufa, se quedaba dormido. Al despertar, se ajustaba la boina, levantaba la mano en un incierto saludo y se iba, fundido en la noche.

Los últimos días de aquel mes de febrero, su pecho rugía como un viejo vapor; apenas comía y se despertaba asustado, sorprendido por alguna presencia invisible.

- Me voy, Lucio, que vienen por mí.

No volvieron a verle ya más. Y aquella mañana de marzo, las lecheras bajaron diciendo que habían visto subir por el río, despacio, dos barcos, camino de Carbajal.

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11 comentarios:

2sin3 dijo...

Bonito homenaje a todos los "Evaristos" anónimos. Me ha emocionado, enhorabuena.

panchoflecha dijo...

Gracias por la visita y el comentario. He visitado tu blog y me hya gustado. volveré más despacio. Saludos

Mar dijo...

El peor enemigo es el debemos enfrentar y no llega. Saludos.

Tejedor dijo...

Muy bonito relato, que no lo hubiera superado el mismo Delibes. La descripción de Evaristo, con su boina calada, chaqueta de pana, el colegial, y el paraguas terciado a la espalda, en ese León de los años 55-60, en los que supongo sitúas el retato, le retrata mejor que una fotografía de Phillipe Halsman.

Porque me fueron comunes en la infancia los lugares de Cantamilanos, desde los que Evaristo oteaba ese mar de centenos, y las Eras de Renueva, y el polvorín, y la fábrica de botellas, y el camino de Carbajal, y sus lecheras que hacían parada en el fielato, y hasta el Lucio (el consumero), con su gorra de plato; he disfrutado de tu precioso cuento y me ha servido para, en un abrir y cerrar de ojos y a modo de 'flash-back', aligerar medio siglo de esta 'juventud' que todavía disfruto. Y...claro, esto, ¡se agradece un montón!.

Se que lo importante del cuento es el 'prota', sus obsesiones´, la exhibición de sus rutinas y el movimiento al que le sometes por el 'escenario' en el que le has situado, y, fundamentalmente el mensaje que dejas al lector. Con tu buen oficio, todo ello lo has hecho con maestría. Pero,... por lo que dije antes, yo prefiero recrearme contemplando esos mares de trigo de la ribera del Bernesga, desde la tapia del polvorín y hasta la puesta de sol. Ya de vuelta, si se tercia, me invito a un trago de 'clarete' con Evaristo en el fielato de Lucio, hasta que baje la noche.

Otro día, volveré por allí a ver si siguen remontando el río los barcos que vieron las lecheras...y después, me paro a merendar en el fielato para quec Lucio no se sienta solo. Claro,... si tú me das permiso.

Gracias por tan bonito cuento. Un abrazo

panchoflecha dijo...

Amigo Tejedor: Es lo que tienen los cuentos, que, a veces, cuentan historias reales: Lucio era mi abuelo, el "consumero" del fielato del 18 de Julio, al comienzo del Camino de Carbajal.
Saludos

panchoflecha dijo...

Amiga Mar: para Evaristo los peores enemigos eran los fantasmas del pasado y el temor no era tanto que vinieran como que VOLVIERAN.
Saludos

Anónimo dijo...

Vivo en Eras de Renueva y he sentido la proximidad a los personajes del cuento por la localización tan conocida. Gracias por deleitarnos con una descripción tan intensa de Evaristo.

panchoflecha dijo...

Amigo anónimo: estas son las cosas de internet: lo mismo pasa a visitarte alguien desde las islas Fidji que un vecino de la puerta de al lado.
Me alegro de verte por aquí.

Un antiguo habitante del Barrio de San Esteban.

Por cierto, hoy "Eras de Renueva" es sólo un nombre, pero, entre mis primeros recuerdos está el haber trillado en esa eras.
Saludos.

un monton de palabras dijo...

el mar... hace tanto que no lo veo, como evaristo, muy entretenido tu cuento me gusto.

Tejedor dijo...

Querido Paco/Pancho, tenía a través de mis recuerdos de la infancia, una ligera sospecha de tu relación con Lucio, porque mi padre fue 'consumero' también. Probablemente coetáneo con tu abuelo por algún período, en 'Consumos' del Ayt. de León.

Recuerdos imborrables de mi infancia en aquél fielato, y lo que le rodeaba. Vivía con mis padres en una casa en la Av. 18 de Julio, próxima a él.

Tú lo has dicho, hay cuentos que en su ficción esconden historias reales, y estas dejan rastros reconocibles. Este es uno de ellos.

Un abrazo.

panchoflecha dijo...

Bienvenido al recuerdo de los del 18 de Julio, al lado de la fábrica de Oxigeno y Acetileno de Leon, del almacén de curtidos, del almacén de "jícaras" para los postes de la luz.
En fin, "mi calle ya no es mi calle, que es una calle cualquiera..."