Pequeñas historias de un reino que dicen que existió por estos valles cuando los osos cazaban a los reyes en justa represalia a sus ballestas y que, tras largos y gloriosos años de rencillas cazurras entre hermanos, cuchilladas certeras entre abades y fieros mordiscos silenciosos y canallas se ha ido acurrucando entre aquello que queda de dos rios y donde sueña enfebrecido, todavía, agitando la bandera, algún caudillo.
miércoles, 30 de enero de 2008
El largo y caprichoso camino hacia la gloria
Cuando se ha llegado a la cumbre, cuesta trabajo acordarse de las dificultades y penurias sufridas hasta ese momento de las mieles.
Sin embargo, no había sido fácil el camino hacia la fama. Cuando aún era un principiante, había escrito tres poemarios (en versos alejandrinos), dos novelas y algunos cuadernos con relatos que, ahora mismo, no sabe dónde habrán ido a parar.
Había presentado originales, bajo plica (y sin éxito ninguno), a todos los premios y concursos convocados por cofradías, ayuntamientos y casas regionales.
Y nada. El guardián de las puertas de la gloria resultó siempre sordo a sus llamadas.
Pero todo cambió por fortuna y de repente a partir de aquella fecha en que comenzaron a desaparecer, como por arte de magia, las líneas anteriores de sus textos según iba escribiendo.
Y la cosa fue en aumento.
Aquella misteriosa ola borradora, a veces, casi le alcanzaba y se veía obligado a escribir cada vez más deprisa por mantener, al menos, la última palabra.
Cuando, no sin cierto reparo, mandó a la imprenta aquel libro con 325 páginas en blanco, le costó trabajo comprender el repentino éxito de ventas y la obtención (casi por aclamación) del Premio Nacional de la Crítica.
Hoy, tras más de 50 obras rigurosamente en blanco, está a punto de convertirse en inmortal, ocupando en la Academia el sillón jota minúscula, vacante desde hace siete años.
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sábado, 26 de enero de 2008
El hombre perfecto.

No quiero engañaros. Lo que voy a contaros no es cosa mía. Como muchas de las cosas con chispa, me llegó sin saber quién es su autor, como empujado por el viento.
Era algo de esa guerra eterna entre hombres y mujeres. Le preguntaron a ella que, puestos a pedir un deseo ¿Cuáles serían los suyos con relación al hombre?.
Y ella, resuelta y sin complejos, contestó como a algo que hubiera pensado largamente:
- "Quiero un hombre que asuma las responsabilidades de las tareas domésticas como algo propio, que tome la iniciativa y no sólo que ofrezca ayuda;
- quiero un hombre tierno e ingenioso;
- quiero un hombre que me haga temblar de placer y de deseo, como una adolescente, tan sólo con mirarme;
- quiero un hombre inteligente y con criterio propio que, al mismo tiempo, sea comprensivo y tolerante;
- quiero un hombre que me tenga como a una reina;
- quiero un hombre que sea un verdadero compañero.
Pero quiero, sobre todo (y resulta imprescindible), que, de ninguna manera, se conozcan entre ellos".
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martes, 22 de enero de 2008
Educando a Tarzán (8).
Con permiso de Favelis.Chita, orgullosa de su oficio, conservaba las recias maneras, actitudes y creencias de los maestros de otros tiempos y hacía suyos los éxitos y fracasos de "sus chicos", de aquellos con los que se sentía unida por el cordón umbilical de la ardua y gozosa labor de la educación en los valores tradicionales que habían mantenido, durante siglos, unida y en orden a la manada.
Pero, entre todos los alumnos que habían pasado por sus manos, sentía una especial predilección por Tarzán, aquel mono deforme y pelón, torpe e indefenso para sobrevivir en este mundo bravío de la Jungla.
Y le dolía en el alma contemplar como Tarzán, por caer bien a la manada y hacerse el gracioso en los ratos del recíproco espulgado, alardeaba y hacía gala de los propios fracasos y torpezas en las tareas cotidianas.
Cuando le pareció que aquello resultaba ya excesivo, llevó a Tarzán a un lugar algo apartado y, maternal, le advirtió, como dolida:
- "Mira, Tarzán, hijo: reconocer en público que eres idiota sólo sirve para que los demás se den cuenta y te traten como tal.
Ya lo sabes".
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domingo, 20 de enero de 2008
El secreto.
Con permiso de Favelis.La vida y obra de Jaime de Sotomayor, máximo exponente de aquella generación perdida del 38, había tenido siempre para críticos y lectores esa especie de aureola de misterio que acompaña a la obra y los autores que parecen escribir como afectados por alternancias incomprensibles de alegrías y tristezas, de luces y de sombras, de gozos y de angustias, que parecen empujados a lo que los críticos han llamado pomposamente "el quiebro fatal de la conciencia".
Al estudio de de este "Quiebro fatal de la conciencia en Jaime de Sotomayor" había dedicado años de estudio y ponencias en congresos el catedrático Salustiano del Castillo, de la Universidad Pompeu Fabra, reconocido especialista en la obra del poeta.
Pero, a pesar de los treinta años dedicados al estudio concienzudo de la obra, no había conseguido explicar los motivos de la quiebra: ¿por qué, a obras de poesía social y de trincheras ("Indómito arquitecto del verso y de la espada"), les había seguido aquel tierno poemario ("A la sombra encendida de tu cuerpo", obra sin precedente y parangón en toda su producción, con vocabulario, recursos e imágenes que no podrán encontrarse en ninguna otra), para volver después a la poesía dolorida, amarga, resignada y gris de "Heridas del desamor y otros tormentos"?.
Como suele ocurrir en estos casos, el enigma se resolvió por sí solo el día en que Salustiano del Castillo, rebuscando en el escritorio del poeta en la Casa-Museo que el Ayuntamiento ha abierto con sus cosas, descubrió un cuaderno manuscrito con el texto completo de "A la sombra encendida de tu cuerpo", pero firmado por un tal Emilio de la Fuente y con una dedicatoria enardecida:
"Para ti, Isabel,
en recuerdo de aquellos días
robados en Menorca,
donde,
enredado en tus caderas,
tiritando de placer
y de deseo,
soñé,
en las brasas de tu cuerpo,
el placer del paraíso
y estos versos".
Aquello lo explicaba casi todo. O casi nada. Quién sabe lo que pasa en la conciencia de un marido engañado y resentido.
De todo ello, tal vez, la única verdad es aquella de Favelis:
"Cuando la obra es mejor que el autor es porque es obra de otro autor".
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miércoles, 16 de enero de 2008
La verdadera historia del héroe local

- Es lo que tiene conocer la historia a través de los archivos y no por los libros de texto. Es, si se me permite la expresión, como ver a una modelo recién levantada y quitándose las legañas en el baño o verla por la tarde en la pasarela, desfilando.
Lo decía continuamente, a quien quisiera escucharle, el Padre Laurentino, jesuita octogenario, que se había pasado la vida, desde mozo, revolviendo los archivos del Cabildo, sin más preocupación que la de reconstruir la historia espiritual y heroica de esta ciudad que construyeron los romanos (o hicieron construir a los esclavos) cuando todavía estaban frescos los recuerdos del Mesías en la otra punta del Imperio.
Allí fue donde encontró, en un legajo, la verdadera historia de Guzmán el Bueno, contada por Frei Diego, capellán de la Plaza de Tarifa en tiempos del asedio (1294).
Pues la cosa, según cuenta el Freile Dom Diego, difiere de lo que se cuenta en los cronicones oficiales (oficiales y retocados, al parecer) y que, en resumen, vienen a decir que el infante Don Juan, hermano del Rey Sancho, aliado por despecho con los moros, por hacer mal a su hermano, amenazaba a Don Alonso Pérez de Guzmán, alcaide de la plaza, con asesinar a su hijo, a quien retenía en su poder, si no se les entregaba la plaza.
A lo que , dicen, contestó el hidalgo con los modos y las letras de la época:
"Don Alfonso Pérez le dijo que la villa que gela non darie; que cuanto por la muerte de su fijo, que él le daría el cuchillo con que lo matase, e alanzóles de encima del adarve un cuchillo, e dijo que antes quería que le matasen aquel fijo e otros cinco si los toviere que non dalle la villa del rei su señor, de que él ficiera omenaje; e el infante don Juan con saña mandó matar su fijo antél e con todo esto nunca pudo tomar la villa"
- Realmente conmovedor. Heroico y conmovedor. ¿Y dice usted, Padre, que no fueron así las cosas?.
-Pues no, aunque a todos nos hubiera aprovechado más si así hubieran ocurrido, que estamos escasos de escenas tan leales.
-Pues, entonces ¿qué pasó?
Pues, como cuenta Frey Diego, ya te digo, en Memorial redactado "por descargo de la su ánima", el muchacho Pero Alonso, hijo primero del hidalgo don Alonso Pérez de Guzmán, mostró, ya desde mozo, una tendencia irrefrenable a enfollonar, a los lances del juego y de la espada, a desenfrenos en pajares y burdeles hasta poner en serio aprieto el nombre y el honor de su apellido.
De nada sirvieron las súplicas y oraciones de su piadosa madre, ni las adustas reprimendas de su honrado padre, que intentó alejarle, cuanto pudo, de la nefasta influencia del Infante, compañero inseparable de juergas y de lances.
Por eso, vieron como una digna salida a los desmanes, la decisión del mozo uy del Infante de alistarse en las huestes de un noble caballero castellano, enfrascado en mil batallas con los moros.
Serenaron el ánimo, pensando que aquello salvaría al mozo de un destino descarriado; pero, cuando Tarifa fue cercada, descubrieron con horror que, entre los moros principales que caminaban al frente de aquella jauría enfebrecida, vestidos a la kora, con seda y collares, como puras barraganas, no había duda, para auténtico bochorno, destacaban, entre todos, Pedro Alonso y el Infante cogidos por la cintura, comiéndose la boca, entre risas, como putas del arroyo.
Don Alonso njo pudo soportar el escarnio y, rojo por la ira, lanzó su daga con la decidida intención de atravesarles la garganta.
Pero el cielo no quiso concederle ni siquiera el alivio de lavar con sus armas la infamia infringida por aquella alimaña que parecía reirse de todo ante sus barbas.
No se supo más de los amantes. Se decía que alguien les había visto alguna vez por la kasbah de Fez.
Vete a saber.
Con todo ello, don Alonso de Guzmán entró en una especie de tristura permanente que no logró atenuar ni el piadoso retoque de la historia en el que parecía salir airoso y bien parado.
Es más, cuando se popularizó el apodo de "Guzmán el Bueno", al oirlo, le subía una especie de sonrojo hasta las cejas.
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domingo, 13 de enero de 2008
La mona vestida de seda
Siempre me ha parecido que el dicho popular "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda" arrastra consigo un tono de asquerosa displicencia, de envidiosa y silenciosa admiración por las "sedas" ajenas, de pretendida e indulgente superioridad.Pero, la verdad, en este caso podría considerarse como el resultado de una fría constatación, cosa como de pura experimentación científica. Porque, dicho sea sin ánimo de ofender, Mariano era feo, feo, pero feo de cojones.
No sabría decir en qué consistía su fealdad: si eran las cejas, la nariz, las orejas, el pelo, aquel andar desgarbado, aquellos brazos tal vez más largos de la cuenta o un poco todo ello; pero lo cierto es que el conjunto resultaba de una fealdad primitiva, indiscutible y demoledora.
Con ella cargó estoicamente los años de la escuela, soportando las rechiflas del resto de los chicos. Que no hay bicho más cruel que un chiquillo riéndose de los defectos del vecino.
Hasta esa última esperanza del cambio al llegar la adolescencia resultó, en su caso, infructuosa. Si me obligan, diría que su fealdad adquirió la evidente rotundidad que se adquiere con la edad.
De modo que aquella apariencia desgraciada le mantuvo involuntariamente alejado de los primeros coqueteos y los besos furtivos con las chicas.
Hasta el verano que se fue a Cala Millor con Alejandro, a hacer de camarero en la terraza del Hotel Voramar Palace.
Volvió a finales de setiembre de la isla, transfigurado que no había quién lo conociera.
Feo, como siempre, la verdad, pero vestido y orgulloso como un lobo playero: teñido de rubio hasta las cejas, con camisa estampada de palmeras, bermudas amarillas, chanclas de surfero, gargantilla y pulseras de cuero con caracolas enhebradas y el gesto triunfal y los andares de quien ha descubierto el Orinoco.
- No os lo podeis imaginar. Aquello es un Hollywood, plagado de alemanas, suecas y holandesas con ganas de darle al cuerpo sin descanso las cosas del rebrincar. Había días que tenía que esconderme. No os digo más. Hasta casadas. Daba igual. Si yo contara... Así que, ya lo veis. Os lo juro, yo allí me convertí en un auténtico "long play".
Puede que fuera verdad o simple imaginación, pero, desde luego, el nombre le quedó a perpetuidad.
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miércoles, 9 de enero de 2008
El abuelo
Con permiso de Favelis.
Tenía el abuelo, por entonces, los noventa; el brío de quien ha sobrevivido a tres posguerras, el temor de convertirse en viejo alguna vez y un corazón que andaba a saltos.
Por eso tuvieron que ponerle un marcapasos que tenía, al parecer, un serio inconveniente: había que cambiarle, por lo visto, la pila cada diez años.
Nos lo reprochó abiertamente, como si fuéramos culpables:
- ¡No me jodáis! ¿Cómo voy a estar toda la vida pendiente de semejante pejiguera?
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domingo, 6 de enero de 2008
Consulta literaria
Seguramente es cierto que los profesores que marcan (si hay alguno) una buena parte de nuestra orientación en la vida no son los de la Universidad, que a ella llegamos ya totalmente descreídos, sino los del Bachillerato. Quizá en esos momentos en que buscamos un modelo de adulto con el que identificarnos, es más fácil que reconozcamos en alguno de ellos el modelo que quisiéramos imitar.
Algo así fue para mí Don Bernardo Benavides, que nos daba literatura a los de 3º B en los lejanos años de sueño, silencio y frío pasados en la atalaya que el obispo Almarcha mandó alzar, abierta al viento y las heladas, en la cuesta "La Colorada", como si quisiera demostrar que donde hay frío no hay pecado.
Don Bernardo, que seguía los modos y maneras aprendidos, a su vez, de Don Antonio G. de Lama, nos inicio (como quien inicia en los caminos del juego, del tabaco, del sexo o de la vida, con la misma sensación de rozar la borrosa frontera de las cosas permitidas) en la lectura de clásicos y modernos, prestándonos libros de su propia biblioteca.
A él recurrí, frecuentemente, en las dudas y trabajos de los años de carrera.
Hace años que dejó la enseñanza secundaria y sacó plaza de Profesor Titular de Crítica Literaria en la Universidad Carlos III, donde es responsable de la materia "Creación Literaria y Nuevas Tecnologías".
Por eso, agobiado como estoy, he recurrido a él, después de tantos años para hacerle una consulta: Resulta que tengo abierto un Blog (como tal vez ya sepáis) en el que voy escribiendo cuentos, ocurrencias y chascarrillos que me vienen a la cabeza, a razón de dos por semana. Siempre nuevos (que es un trajín), porque parece existir una norma no escrita en la cosa de los blogs, según la cual está muy feo repetirse (cosa que me parece comprensible si lo que se escribe es un diario, que es muy difícil vivir dos veces la misma historia).
Así que, en una carta en la que le preguntaba cómo estaba y le contaba (por encima) mis últimos fracasos, le consulté, abiertamente si, en su opinión, está tan feo repetirse.
Casi a vuelta de correo me contestó, cariñoso como siempre:
"Querido Franganillo:
Tú, tan escrupuloso como siempre. No te agobies lo más mínimo. Piensa un momento en las cosas que te digo a continuación que, si no justifican la repetición, la hacen, al menos, comprensible:
- Que inventarse un cuento cada dos días es una trabajina imposible, cuando se quiere mantener la actividad más allá de los primeros empujes.
- Fíjate, por ejemplo, que los de los Simpson, con ser quienes son y ganar lo que ganan repiten los episodios al ritmo de 10 viejos por uno nuevo. Y así consiguen mantenerse años y años.
- Que cuántas veces me ha ocurrido comprar el nuevo libro de cuentos de un autor muy afamado, que vive de ello y, por ello, es muy premiado y encontrarme con que casi un 40% de los cuentos ya los había leído (y pagado) en libros anteriores. Fíjate si no tiene excusa lo tuyo, que los das de gratis y por puro vicio.
- Además, debes considerar que sólo los lectores fieles se darán cuenta de la repetición. Pero los lectores fieles (si tienes la suerte de dar con alguno) nunca ascienden a mucho más del 2% del total. Según las estadísticas,, los que entran nuevos no se paran más allá de tres minutos y leen la entrada del día y, como máximo, echan un ojo a las dos entradas anteriores. Si a ello añades que, incluso, una parte de estos fieles lo son temporalmente y, con el tiempo, pierden la ilusión y comienzas a aburrirles, te dará cuenta de que, al final, todos son nuevos. Y si, después de todo ello, aún te queda un lector fiel, lo hará por puro afecto. No te importe, entonces, repetirte, porque ¿cuántas veces nos escuchan los amigos contar el mismo chiste?. Por cierto, te he contado alguna vez el chiste de la marquesa?"
Hoy mismo le he contestado diciéndole que no, por darle ocasión a contármelo una vez más.
Y ya van 37.
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jueves, 3 de enero de 2008
La mar, el mar, maldito mar

Fueron quince días con sus noches los que madre se pasó acurrucada en el cantil, escrutando la mar embravecida que se tragó, en una tarde de galerna, a "La Galana II" con todos sus tripulantes, por dar sepultura a padre en tierra firme para que, al menos, su espíritu pudiera descansar como Dios manda de sus cincuenta años de faena y mal vivir.
Fueron quince días, con sus noches, con los ojos enrojecidos por el pasmo.
Y esperó inútilmente.
Cuando los hubo cumplido, como un rito, nos cogió de la mano, mandó decir una misa, tapió las ventanas que daban al cantil y jamás volvió a mirar al mar.
Nunca más.
Nunca más.
Nunca más,hasta su muerte.
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